El Dibujo del dia

Obama se muestra como una rata pro sionista

 

La preocupación que genera la posibilidad de que John McCain, la segunda versión de George W. Bush, ocupe la Casa Blanca por cuatro años más, no es razón que deba llevar a proyectar una imagen muy progresista de su contrario Barack Obama.

Después de ocho años de una de las presidencias menos populares en Estados Unidos, gran parte de los posibles votantes parece dispuesta a adjudicarle a Obama posiciones de una figura quimérica y salvadora. La oratoria de Obama ha ayudado a crear dicha imagen. Pero la realidad es, con regularidad, diferente a los deseos fantasiosos.

Hablemos solamente de política exterior y dejemos para una futura columna la política interna.

¿Qué fue lo primerísimo que hizo Barack Obama –que es el primer negro que en Estados Unidos tiene oportunidad real de ser presidente– después de su victoria primarista? Correr a dar un discurso ante la conferencia de AIPAC (American Israeli Public Affairs Committee) y allí postrarse y lamerle los zapatos a la audiencia.

El poderoso AIPAC es una organización de cabildeo, militarista y de extrema derecha, de apoyo al estado de Israel. Su influencia en la política estadounidense es enorme. Cualquier aspirante con posibilidades reales de triunfar en una elección presidencial tiene como obligación ir allí y jurar varias veces su apoyo incondicional, inquebrantable y eterno a Israel, y prácticamente a todo lo que Israel haga.

En el voluminoso libro The Israel Lobby, los profesores John Mearsheimer y Stephen Walt documentan el poder de este grupo cabildero. Argumentan también cómo la influencia de Israel respecto a la política estadounidense en el Oriente Medio es detrimental para los intereses geopolíticos de Wáshington.

“Siete mil funcionarios judíos de todas partes de Estados Unidos asistieron a la conferencia para recibir los signos de obediencia de parte de la elite washingtoniana que fue allí para hacer genuflexión ante sus pies”, señaló el escritor israelí Uri Avnery, en la página electrónica de la publicación Counterpunch. Los tres candidatos a la presidencia estuvieron presentes, cada uno de ellos intentando sobrepasar al otro en su adulación al estado judío. Trescientos senadores y representantes asistieron, indica Avnery: “Todos los que desean ser electos o reelectos a cualquier clase de posición, en realidad, cualquiera que posea ambición política alguna, estuvo allí para observar y ser observado”.

Pero Obama en su genuflexión ante el “lobby” israelí, sobrepasó incluso a McCain o Hillary Clinton. Avnery señaló que el discurso de Obama “rompió todas las marcas de servilismo y adulación”.

Y no fue que Obama no mencionara el bloqueo ilegal que Israel ha impuesto sobre los 1.5 millones de residentes en Gaza y que, según organismos de las Naciones Unidas, ha resultado en un desastre humanitario. Tampoco habló de las armas que Estados Unidos le brinda a Israel y que resultan en una proporción de 400 civiles palestinos muertos por cada israelí.

En Estados Unidos los judíos pro sionistas pro Israel, son más extremistas e intolerantes que los israelíes. Existen mucho más críticas sobre la política de Israel respecto a los palestinos dentro de Israel que lo permisible en Estados Unidos.

Un editorial en el rotativo israelí Haaretz argumentó que el gobierno israelí “había perdido todo uso de razón” por motivo de su encarcelamiento, devastación y miseria sobre los inocentes civiles residentes de Gaza.

Una encuesta llevada a cabo por Haaretz en marzo del 2008 indicó que el 64 por ciento de los israelíes estaba a favor de negociaciones directas entre Israel y Hamas, mientras que sólo un 28 por ciento se oponen.

Y aquí está Obama diciendo lo mismo que todos los políticos y medios estadounidenses: que si Gaza está controlado por Hamas y que ésta es una organización terrorista. Estados Unidos e Israel la declararon “terrorista” cuando la política de ellos confligió con la de Hamas, pero Hamas resultó triunfador en elecciones democráticas y populares celebradas en Gaza y permitidas por el binomio Estados Unidos-Israel).

Añade Obama, y todos los demás, que Hamas lanza cohetes contra Israel. Se le olvida indicar que dichos cohetes son rudimentarios, caseros e ineficientes y que escasamente causan daño en Israel. Pero por cada cohete rudimentario palestino que impacta en Israel, estos últimos responden con cohetes desde los más avanzados aviones de combate y helicópteros o desde tanques. Por esto la discrepancia de muertos entre unos y otros.

Obama señaló ante la conferencia sionista que “Egipto debe poner fin al traspaso ilegal de armas hacia Gaza”. La diferencia de armamentos entre israelíes y palestinos es tan marcada que ese comentario debería ser risible.

Pero ¿en qué fue que Obama rompió todas las marcas en genuflexión y servilismo al “lobby” estadounidense pro Israel? “Jerusalén continuará siendo la capital de Israel y debe mantenerse unida”. ¿Jerusalén no está dividida entre este y oeste? ¿El este de Jerusalén no fue ocupado militar e ilegalmente por los israelíes en la guerra de 1967?

Si alguien insiste en que la ciudad completa de Jerusalén pertenece a Israel no puede existir paz entre palestinos y árabes e israelíes.

Ningún palestino, árabe, musulmán aceptará paz con Israel si el recinto del Haram-al-Sharif, uno de los tres más sagrados lugares de la religión islámica y el símbolo principal del nacionalismo palestino, no es entregado a los palestinos en un futuro estado.

Según señala Avnery, la conferencia en Camp David del 2000 resultó infructuosa a pesar de que el entonces primer ministro israelí Ehud Barak estaba dispuesto a dividir Jerusalén en una forma u otra.

Y entonces Obama, para congraciarse con lo más derechista y reaccionario del elemento sionista-judío-estadounidense, resucita el asunto de una Jerusalén eterna e indivisible y en manos de Israel. Esto no es aceptable para casi nadie en el mundo, y punto. Los palestinos-árabes-musulmanes tienen derecho a, por lo menos, la mitad de Jerusalén, el Jerusalén del Este. Nadie, excepto lo más extremista del sionismo israelí propone tal cosa. Eso es una invitación a más conflicto.

Durante anteriores elecciones los candidatos, queriendo congraciarse con el “lobby” pro Israel, prometían que la embajada estadounidense sería movida de Tel Aviv a Jerusalén. Según Avnery, después de resultar electos ni uno solo de dichos candidatos insistió en cumplir la promesa. Las mentes más claras en el Departamento de Estado indicaron que eso no era una buena política y que impactaría negativamente los intereses de Estados Unidos.

Y ahora viene Obama prometiendo cambios y una nueva política progresista, y ofrece a la derecha israelí y al “lobby” israelí en Estados Unidos algo en extremo reaccionario, imperial, racista, conducente a más décadas de conflicto.

Parece que el señor Obama no reconoce la enorme injusticia cometida por los israelíes y Wáshington contra los palestinos en Gaza, Cisjordania, en los campamentos de refugiados o donde se encuentren. Pero Obama pretende ser más israelí que la mayor parte de los israelíes.

¿Hay que ir allí ante Zeus, Mecca, el Vaticano, la muralla de los lamentos, todos juntos y jurar ante el AIPAC apoyo eterno a cualquier cosa que se les ocurra a los dirigentes de turno israelíes?

 

Fuente: Rafael Ruiz Garofalo / Especial para Claridad – Puerto Rico