Mártires de Palestina

Resistiendo la agresión del terrorismo sionista

El Dibujo del dia

Mayo 25, 2008 Publicado por AbdelAziz | Dibujos | | No hay comentarios

La cobarde ocupación sionista asesinó en el ultimo año a 106 niños palestinos

Save the Children manifiesta su preocupación sobre el efecto de la nueva escalada de violencia y el cierre de la franja de Gaza en la seguridad de los niños y niñas palestinos. Entre octubre de 2006 y agosto de 2007, un total de 106 niños palestinos perdieron la vida en los territorios ocupados como consecuencia del conflicto. 

 El 42% de los niños palestinos que viven en territorio ocupado son refugiados, ascendiendo al  69% en la franja de Gaza y más de 10.000 hogares han sido destruidos por las continuas oleadas de violencia. La salud de estos niños -que representan más de la mitad de los cuatro millones de palestinos en territorio ocupado- se encuentra especialmente en riesgo. El 70% de los niños y niñas menores de nueve meses padecen anemia en Gaza.

 Además, la desnutrición crónica afecta al 10% de los niños palestinos menores de cinco años. Esta cifra aumenta en Gaza, alcanzando casi el 30% en la zona norte de la franja. 10.000 niños continúan muriendo cada año, la mayoría debido a enfermedades prevenibles y la deficiente atención dada a los recién nacidos.

 Preocupante es también el problema de la inseguridad alimentaria. Un tercio de los hogares palestinos se encuentran en esta situación, siendo la población de Gaza la más afectada por esta inseguridad alimentaria que afecta al 51% de su población. Las familias palestinas encuentran muchas dificultades para acceder a los servicios sanitarios debido fundamentalmente al altísimo coste de los tratamientos, a los cierres fronterizos y restricciones de acceso por parte del ejército israelí. 

Ambiente de violencia y difícil acceso a la educación

 En este panorama, toda una generación de niños esta creciendo con la presencia constante de violencia en su vida diaria, incluyendo la escuela, tradicionalmente reconocido como un lugar seguro. Hasta un 18% de los alumnos palestinos afirma haber presenciado la muerte de algún compañero de clase provocado por las fuerzas del ejército israelí, según un estudio del verano de 2004 de la universidad de Bir Zeit en Cisjordania.

 Esta situación constante de violencia en los pueblos, las escuelas y los hogares,  provoca que casi el 50% de los niños palestinos en zona ocupada experimenten altos grados de trauma psicológico y estrés.

 A todo ello se une el hecho de que los continuos cierres de fronteras y toques de queda hagan peligroso y muchas veces imposible el acceso a las escuelas a más de 226.000 niños en Cisjordania, especialmente en las zonas del norte.

 Es el caso de Talal, un niño palestino de 5 años: “Todos los días tengo que ir solo a la guardería y siempre tengo miedo a ser disparado por los israelíes. Me gusta que mi madre me lleve pero está muy ocupada. Mi padre fue arrestado por los israelíes y ahora está en la cárcel. Ví como se lo llevaban. No le he visto desde entonces.”

Mayo 25, 2008 Publicado por AbdelAziz | General | | No hay comentarios

La historia de la limpieza étnica de Palestina

 

 

Los editores del diario de Ben Gurion se sorprendieron al descubrir que entre el 1 de abril y el 15 de mayo de 1948, el líder de la comuni­dad judía de Palestina parecía descuidar el aspecto militar de los acontecimientos.

En lugar de inquietarse por ello, se mostraba mucho más preocu­pado por la política interna sionista y estaba dedicado de lleno a cues­tiones de organización como la transformación de los cuerpos de la Diáspora en organismos del nuevo Estado de Israel. Su diario, resul­ta evidente, no revela ninguna sensación de temor por la catástrofe inminente o el “segundo Holocausto” que con emoción proclamaba en sus apariciones públicas.

 Entre quienes pertenecían a sus círculos íntimos, hablaba con un lenguaje diferente. Así, a comienzos de abril, presentó con orgullo a los miembros de su partido, el Mapai, los nombres de las aldeas ára­bes que las tropas judías habían ocupado recientemente. Y el día 6 del mismo mes le encontramos reprendiendo a los miembros con ten­dencias socialistas de la ejecutiva del Histadrut que cuestionaron el acierto de atacar a los campesinos en lugar de confrontar a sus patronos. Ocasión en la que dijo a una de las principales figuras de la organiza­ción sindical: “No estoy de acuerdo con usted en que nos enfrentamos a efendis y no a campesinos: ¡nuestros enemigos son los campesinos ára­bes!

Su diario, de hecho, contrasta radicalmente con el miedo que sembraba entre quienes le oían en reuniones públicas y, por consi­guiente, con la memoria colectiva de los israelíes. Sugiere que para entonces se había dado cuenta de que Palestina ya estaba en sus ma­nos. Con todo, tampoco estaba excesivamente confiado, y no se unió a las celebraciones del 15 de mayo de 1948, consciente de la enormidad de la tarea que tenía por delante: limpiar Palestina y asegurarse de que los árabes no pudieran obstaculizar la toma del país por parte de los judíos.

Al igual que la Consultoría, temía el resultado de los aconteci­mientos en lugares en los que existía un obvio desequilibrio entre los asentamientos judíos aislados y un potencial ejército árabe, como era el caso de ciertas zonas remotas de Galilea y el Néguev, así como de algunas partes de Jerusalén. No obstante, tanto Ben Gurion como sus colaboradores más cercanos entendían perfectamente bien que estas desventajas locales no alteraban el cuadro general: la capacidad de las fuerzas judías para tomar, incluso antes de que los británicos hubie­ran abandonado el país, muchas de las áreas que la Resolución de Partición de la ONU había asignado al Estado judío. En este contex­to, “tomar” significaba sólo una cosa: la expulsión, masiva, de los pa­lestinos de sus hogares, negocios y tierras, tanto en las ciudades como en las áreas rurales.

Poder sobre el terreno

Ben Gurion quizá no se haya regocijado con las masas judías que bailaron en las calles el día que el Mandato británico llego oficial­mente a su fin, pero sabía muy bien que las fuerzas militares judías ya habían empezado a mostrar su poder sobre el terreno. Cuando se ac­tivó el Plan Dalet, la Haganá contaba con más de 50.000 efecti­vos a su disposición, la mitad de los cuales habían sido entrenados por los británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Había llegado la hora de poner en marcha el plan.

La estrategia sionista de construir asentamientos aislados en medio de zonas árabes densamente pobladas, aprobada retroactivamente por las autoridades del Mandato británico, se reveló una desventaja en épocas de tensión. La llegada de suministros y tropas a estos pues­tos remotos no siempre estaba garantizada, y una vez el país estuvo en llamas, la carretera para acceder a Jerusalén por el oeste, que pasaba por numerosas aldeas palestinas, resultó particularmente difícil de proteger, lo que creó entre la pequeña población judía de la ciudad una sensación de asedio. Los judíos de Jerusalén también eran un motivo de preocupación para los líderes sionistas por una razón dife­rente: éstos pertenecían en su mayoría a las comunidades ortodoxa y mizrahi (oriental), cuyas aspiraciones y compromiso con el sionismo eran bastante tenues e incluso cuestionables.

Por tanto, la primera zona que se eligió para poner en marcha el Plan Dalet fue la de las al­deas rurales de las laderas occidentales de las montañas de Jerusalén, a medio camino a lo largo de la carretera hacia Tel Aviv. Ésta fue la Operación Najsón, que serviría de modelo para campañas futuras: las expulsiones súbitas y masivas que empleó demostrarían ser el medio más eficaz de conservar los asentamientos judíos aislados o desblo­quear las rutas amenazadas por el enemigo, como la que conducía a Jerusalén.

A todas las brigadas asignadas a la operación se les pidió que se prepararan para pasar a Mazav Dalet, Estado D, es decir, que se alista­ran para implementar las órdenes del Plan D. “Pasaréis a Estado Dalet, para una implementación operativa del Plan Dalet”, fue lo primero que se les dijo a las unidades. Y luego, “las aldeas que vais a capturar, lim­piar o destruir se decidirán consultando con vuestros asesores en asun­tos árabes y los oficiales de inteligencia”.

A juzgar por el resultado fi­nal de esta fase, a saber, la desarrollada entre abril y mayo de 1948, el consejo de éstos fue que no se perdonara a ni una sola aldea. Mientras que el Plan Dalet oficial daba a las aldeas la opción de rendirse, las ór­denes operacionales no eximían a ninguna aldea bajo ningún concepto. Con esto, el programa detallado se convirtió en la orden militar de em­pezar la destrucción de las aldeas. Las fechas se programaron de acuer­do con la geografía: la brigada Alexandroni, que se encargaría de asaltar la costa con sus decenas de aldeas, y que sólo dejaría detrás dos de ellas, recibió sus órdenes hacia finales de abril; las instrucciones de limpiar el oriente de Galilea llegaron al cuartel general de la brigada Golani el 6 de mayo de 1948, y al día siguiente se ordenó la limpieza de la primera aldea de su “área”, Shajara.

Destrucción de aldeas

Las unidades del Palmaj recibieron sus órdenes para la Opera­ción Najsón desde el primer día de abril de 1948. La noche anterior, la Consultoría se había reunido en la residencia de Ben Gurion para dar término a las directivas que recibirían las unidades. Sus órdenes fueron claras: “El principal objetivo de la operación es la destrucción de aldeas árabes … [y] la expulsión de los aldeanos para que se con­viertan en un lastre económico paralas fuerzas árabes”. La Operación Najsón también fue una novedad en otros aspec­tos. Fue la primera operación en la que todas las distintas organiza­ciones militares judías se esforzaron por actuar de forma conjunta como un único Ejército (con lo que se proporcionó una base a las fu­turas Fuerzas de Defensa de Israel). Y fue la primera operación en la que los veteranos judíos de Europa oriental, que dominaban el mun­dillo militar, se incorporaron a una campaña junto a otros grupos ét­nicos como los recién llegados del mundo árabe y de la Europa poste­rior al Holocausto. El comandante de un batallón que participó en esta operación, Uri Ben Ari, menciona en sus memorias que “mezclar a los judíos de la diáspora” era una de las metas importantes de Najsón. Ben Ari era un joven judío alemán que había llegado a Palestina pocos años antes. Su unidad realizó sus preparativos finales para Najsón en la costa del Mediterráneo, cerca de Hadera. Él se recuerda comparándose a los generales rusos que pelearon contra los nazis en la segunda guerra mundial. Los “nazis” en su caso eran un enorme número de campesi­nos palestinos indefensos que vivían en aldeas cercanas a la carretera que unía Jaffa con Jerusalén y los grupos paramilitares de Abd al Qa­dir al Husayni que habían acudido en su rescate.

Las unidades de Al Husayni habían estado disparando al azar contra el tráfico judío en esta ruta como represalia por ataques anteriores, y habían matado y herido a varios pasajeros. Pero los aldeanos, como ocurría por todas partes en Palestina, sólo estaban intentando continuar con su vida normal, sin conocer la imagen demonizada que Ben Ari y sus cama­radas les atribuían.

Al cabo de unos pocos días, la mayoría de ellos se­rían expulsados para siempre de las casas y campos en los que ellos y sus ancestros habían vivido y trabajado durante siglos. Los grupos pa­ramilitares palestinos a órdenes de Abd al Qadir al Husayni opusie­ron más resistencia de la que esperaba el batallón de Ben Ari, lo que hizo que la operación Najsón no avanzara inicialmente según lo pla­neado. Pese a ello, para el 9 de abril la campaña estaba terminada. (…)

Deir Yassin

La naturaleza sistemática del Plan Dalet resulta patente en el caso de Deir Yassin, una aldea pastoril y cordial que había llegado a un pacto de no agresión con la Haganá de Jerusalén, pero que estaba condena­da a desaparecer por encontrarse dentro del área que el Plan Dalet or­denaba limpiar. En vista del acuerdo que había firmado con la aldea, la Haganá decidió enviar allí tropas del Irgún y de la banda de Stern y librarse así de toda responsabilidad oficial en lo ocurrido. En poste­riores operaciones de limpieza de aldeas “amigas” ni siquiera se con­sideraría necesario emplear este ardid.

El 9 de abril de 1948, tropas judías ocuparon la aldea de Deir Yassin. Ésta se encontraba en una colina al oeste de Jerusalén, a 800 metros sobre el nivel del mar y cerca del barrio judío de Givat Shaul. La vieja escuela de la aldea funciona en la actualidad como un hospital psiquiátrico para el barrio judío que se extendió so­bre
los restos del poblado.

Al irrumpir en la aldea, los soldados judíos rociaron las casas con fuego de ametralladora, lo que mató a muchos de sus habitantes. Después de eso, se reunió a los demás aldeanos y se los asesinó a san­gre fría, los cadáveres fueron maltratados y cierto número de mujeres fueron violadas antes de ser asesinadas.
Fahim Zaydan, que tenía doce años en esa época, recuerda cómo vio asesinar a su familia delante de sus ojos: “Nos llevaron uno detrás de otro; dispararon a un anciano y cuando una de sus hijas gritó, le dispararon a ella también. Luego llamaron a mi hermano Muhammad, y le dispararon enfrente de nosotros, y cuando mi madre, que llevaba a mi hermana Hudra en sus brazos, pues todavía estaba amamantando, se arrojó sobre él llorando, también le dispara­ron”.

Los soldados también le dispararon a Zaydan. Lo habían puesto, junto con otros niños, en fila contra una pared que rociaron con balas, “sólo para divertirse”, antes de marcharse. Tuvo suerte de sobrevivir a sus heridas. Investigaciones recientes han reducido el número aceptado de víctimas de la masacre de Deir Yassin de 170 a 93. Como es obvio, aparte de las víctimas de la masacre propiamente dicha, hubo decenas de campesinos que murieron en el combate, y que por tanto no fueron incluidos en la lista oficial de víctimas. Sin embargo, en vista de que las fuerzas judías consideraban cualquier al­dea palestina como una base militar enemiga, la distinción entre las personas masacradas y las muertas “en batalla” era tenue.

Basta ente­rarse de que entre los asesinados en Deir Yassin había treinta bebés para entender por qué todo el ejercicio “cuantitativo” (no muy distin­to del que los israelíes realizaron en una fecha tan cercana como abril de 2002 a propósito de la masacre de Jenin) es irrelevante. En su mo­mento, los líderes judíos anunciaron con orgullo un elevado número de víctimas en Deir Yassin para hacer de la aldea el epicentro de la ca­tástrofe: una advertencia a todos los palestinos de que un destino simi­lar les aguardaba si se negaban a abandonar sus hogares y marcharse.

 

Fragmento de La limpieza étnica de Palestina. Autor: Ilan Pappé. Traductor: Luis A. Noriega Hederich. Editorial: Crítica.

 

Mayo 25, 2008 Publicado por AbdelAziz | Terrorismo Sionista | | No hay comentarios

La Cobarde masacre de una madre palestina y sus 4 hijos por parte del repugnante ejercito sionista

Soldados del ejercito israelí mataron el lunes 28 de abril a siete palestinos, incluyendo a una madre y su bebé de un año, mientras que otros diez resultaron heridos cuando un proyectil lanzado por un tanque israelí destruyó su casa en el norte de Gaza.

Los testigos dijeron al periodista del PIC que la artillería del ejercito israelí había bombardeado y destruido completamente la casa de la familia de Abu Muaitek en la ciudad de Beit Hanun y matado a la madre y a sus cuatro hijos: Musab, de un año, Hana, de 3, Saleh, de 4, y Rudaina, de 6.

Afirmaron que el bombardeo había matado también a Ayub Attalla, de 17 años, y a Ibrahim Hajuj de las Brigadas de al Quds, el ala armada del Movimiento de la Jihad Islámica.

Debido a la enorme carencia de suministro de carburante que padece Gaza por el bloqueo de las autoridades de la ocupación israelí que paraliza todos los aspectos de la vida, los ciudadanos pidieron a todos aquellos que tuvieran coche con gasolina que acudieran al escenario del crimen del ejército israelí para evacuar a las víctimas.

 

Fuente: Palestinian Information Center

Mayo 3, 2008 Publicado por AbdelAziz | Terrorismo Sionista | | No hay comentarios