Colonización Sigilosa: La implantación judía en los barrios árabes de la ciudad vieja de Jerusalén gana terreno con el apoyo del Regimen sionista

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Ariel Sharon tenía muy claro cómo proceder para no levantar protestas internacionales. “No es necesario comentar ni celebrar con bailes cada permiso que se concede para un asentamiento. Dejemos que construyan, pero sin hablar de ello”, dijo en el 2003 el principal arquitecto de la colonización judía en los territorios ocupados palestinos.

Sus palabras siguen vigentes. Especialmente en el corazón de Jerusalén Este, donde se encuentran la ciudad vieja, sagrada para cristianos, judíos y musulmanes, y la aledaña Cuenca Sagrada, que se extiende desde el Monte de los Olivos hasta el barrio palestino de Siluán. Ayudados por el Gobierno y escudados en el sigilo, los colonos se implantan en los barrios árabes con la intención de alterar su composición étnica e impedir que un día puedan formar parte del Estado palestino.

La gente está muy caliente y no tardará en estallar. Esta política de hechos consumados destruye toda expectativa de paz”, afirma a este diario el exministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para Asuntos de Jerusalén, Ziad Abú Ziad. En las negociaciones de Camp David, palestinos e israelís acordaron repartirse la ciudad vieja. Los barrios judío y armenio para Israel, y el musulmán y el cristiano para la ANP. Pero esta ecuación puede dejar de ser viable. Hoy los colonos controlan unos 60 inmuebles en los barrios musulmán y cristiano, según el Comité Israelí contra la Demolición de Casas (ICAHD, siglas en inglés). Y su apetito sigue engordando. A principios del 2007 el Gobierno israelí anunció la construcción del primer asentamiento en el barrio musulmán desde que Israel ocupó el este de la ciudad en 1967. El proyecto incluye una treintena de viviendas y una sinagoga.

Quien se encarga de mostrar los planos a los potenciales residentes es Ateret Cohanim, la principal entidad de colonos que opera en la medina. Financiada con donaciones del extranjero y fondos públicos, representa a la extrema derecha religiosa y persigue una agenda mesiánica. Su intención declarada es reconstruir el Templo de Salomón, donde hoy se alza la Explanada de las Mezquitas, y restaurar la monarquía de David. Si bien sus aspiraciones teocráticas parecen colisionar con las del Estado, no lo hacen, en cambio, sus objetivos políticos. “La colaboración con las autoridades –se afirma en su web– ha probado el viejo método del sionismo: son los asentamientos judíos los que determinan las fronteras del Estado”.

Túnel hacia el Muro

Otro de sus proyectos inflamables en curso es la construcción de un túnel que unirá la reconstruida sinagoga de Ozel Isaac, en el barrio musulmán, con el Muro de las Lamentaciones, adyacente a las mezquitas de Al Aqsa y de la Roca. No hay que olvidar que un acto igual de simbólico pero menos peligroso para el statu quo, la visita de Sharon a la Explanada en el 2000, provocó el estallido de la segunda Intifada. “Lo peligroso no es el túnel sino los fanáticos que están detrás. Esta gente cree que reconstruyendo el templo vendrá el Mesías y por tanto no le tiene miedo a nada”, afirma el israelí Meir Margalit, exconcejal de Jerusalén y miembro de ICAHD.

En la llamada Cuenca Sagrada, la voracidad de los colonos ha hincado el diente al barrio palestino de Siluán. Aquí el Estado financia las excavaciones arqueológicas de Elad, otra organización extremista que asegura haber hallado los restos de la ciudad del rey David. Alegando el pasado judío de Siluán, uno más de los estratos históricos de esta tierra conquistada por más de una docena de civilizaciones, Elad está judaizando el barrio y controla ya, se- gún sus estimaciones, un 60% de la tierra. Algo parecido puede ocurrir en Sheik Yerrá, barrio tradicional de la burguesía palestina, donde ya se anunció la construcción de 200 viviendas. “La intención de estos proyectos –asegura una fuente del Alternative Information Center– es desconectar la ciudad vieja de los barrios árabes de Jerusalén Este con un anillo de asentamientos a su alrededor”.

 

El Dibujo del dia

Información de las cobardes actividades terroristas de los colonos judíos

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El 1 de enero, los colonos de Efrat, Navi Daniel, Eleazer y otros asentamientos del distrito de Belén, quemaron una parte de la mezquita de Hamedia en la zona de Faghour, en el pueblo de Al-Khader, situado al suroeste de Belén. Los colonos intentaron destruir el techo de la mezquita. Fueron emitidas varias declaraciones y condenas de diversas organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil profundamente preocupadas por dichas acciones contra lugares de culto. Estas acciones violan el derecho a las creencias religiosas y fueron ejecutadas para herir a los musulmanes palestinos desafiándolos en su esfera de valores.

El 4 de enero, decenas de colonos del distrito de Hebrón desfilaron del pueblo de Wadi Haska al suroeste de Halhoul. Durante la marcha, los colonos bloquearon la carretera principal e impidieron que los palestinos la utilizaran. Varios colonos arrojaron piedras a los automóviles palestinos. Los soldados que llegaron después a la zona no hicieron nada para impedir las acciones de los colonos. Este hecho tuvo lugar pocos días después de una operación militar en el barrio durante la que resultaron muertos dos israelíes y dos palestinos.

El 11 de enero, decenas de colonos del asentamiento de Kiryat Arba, al este de Hebrón, se congregaron sobre una tierra que pertenece a Mahmud al-Boti Jaber y a Ziad Hammoda Jaber, situada al oeste del asentamiento. Según los residentes de la zona, los colonos vienen a menudo a este lugar para establecer allí un nuevo fortín, lo que significa la confiscación de ocho dunums de tierra palestina. Este asunto dura desde hace cuatro años, los colonos intentan apoderarse de la tierra y las familias locales actúan para defenderse a través de varios medios: intentando presentar una interposición legal y, al mismo tiempo, con actividades de protesta coordinadas apoyadas por organizaciones locales como el Comité de Rehabilitación de Hebrón, el Comité de Defensa de la Tierra, etc. y por organizaciones internacionales como los Equipos Cristianos de Pacificación (CPT) y el Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM). La familia de Jamal Inefan, que vive muy cerca de la tierra mencionada, informa de que los colonos que se quedaron en la tierra de Jaber durante tres días, arrojaron piedras a muchas casas cercanas, incluidas las de las familias de Isafan y Abed Elhai, y apalearon a Jamil Hisham, un niño de 14 años.

El 13 de enero, los colonos de Kiryat Arba continuaron arrojando piedras y botellas de vidrio a las casas palestinas de Wadi Nassara, situadas al sur del asentamiento. Entre los atacantes había estudiantes de una escuela religiosos judía situada en el lado occidental del asentamiento.

Dichos estudiantes impidieron a los residentes usar la carretera, llamada por los colonos «el camino de las Oraciones» y persiguieron a muchos niños, con la intención de golpearlos. Al mismo tiempo, decenas de colonos que ocupan el edificio Rajabi desde marzo de 2007 (en la parte occidental del asentamiento) arrojaron piedras desde los tejados de sus casas hacia varias casas palestinas, tiendas y personas que estaban cerca del edificio. El residente Bassam Fahid Jabari informó de que su tienda fue apedreada por estos colonos, que también intentaron golpearle. Estas acciones ocurrieron a plena luz del día, ante la vista de los soldados israelíes.

El 14 enero, colonos de varios asentamientos de las colinas del sur de Hebrón, dañaron decenas de árboles que pertenecen a la tribu de Hadaleen. La acción tuvo lugar unos días después de que el ejército israelí diera la orden de demolición de nueve pozos de los residentes palestinos de la zona.

El 15 enero, colonos del fortín de Beit Hadassah en el centro de la ciudad de Hebrón, quemaron la casa de Abed al-Khaleg Sader, situada muy cerca del fortín. Los miembros de la familia de Sader informaron de que cinco colonos armados rompieron una ventana, entraron en la casa y quemaron algunos muebles. Cuando los colonos salieron, algunos vecinos se apresuraron para extinguir las llamas. Esta casa se ha convertido desde hace mucho tiempo en un blanco de los colonos, que están intentando obligar a que la familia la abandone para anexionar la casa a su fortín.

El 25 enero, en la carretera principal, cerca del pueblo de Bayt Ummar al norte de Hebrón, un colono aceleró su camión y embistió a dos palestinos hiriéndolos gravemente. Mofeed Mohammed Mahmud Khaleel resultó herido en la cabeza y a Motaz Mahoma Khaleel, de 20 años le rompió una pierna. Los dos fueron ingresados en el hospital de la ciudad. Según los residentes locales, los colonos aceleran a menudo en esta carretera y ésta no es la primera vez que ocurren hechos semejantes.

El 27 de enero, varios colonos, en cooperación con el ejército israelí, agregaron cinco nuevas caravanas rodantes a un fortín localizado en el lado occidental del asentamiento de Karmi Itzor. Este asentamiento está situado entre los pueblos de Halhoul y Bait Ummar, al norte del distrito de Hebrón. La tierra pertenece a la familia de Abu Yousef, de Halhoul. Hace un mes se instalaron las líneas de abastecimiento de electricidad y agua en el fortín. Fuentes del Comité Palestino de Defensa de la Tierra dijeron que los colonos y el ejército expandieron el fortín aunque el proceso legal sobre la tierra todavía está en el juzgado aún no se ha dictado una sentencia. La acción de los colonos demuestra, una vez más, que para confiscar tierra y ampliar sus fortines y asentamientos, pueden establecer fácilmente los hechos consumados.

El 2 febrero, cinco colonos de Kiryat Arba atacaron a Mahmoud Awni Dana, de 12 años, y a Mahmud Abed Elsamad Jaber, de 13. Los niños fueron atacados mientras caminaban por la calle principal, al oeste del asentamiento. Los dos sufrieron lesiones en las manos y en la cara.

El 4 de Febrero, colonos del fortín Ramot Yishai, en el centro de la ciudad de Hebrón, arrojaron piedras a Abed al-Kareem Haddad, de 47 años, y a su hijo de 12, Ahmed, del pueblo de Tel Rumeida situado cerca del fortín. Los dos fueron llevados al hospital de Alya. Sufrieron lesiones en varias partes de sus cuerpos. La esposa de Haddad, informó de que alrededor de 20 colonos armados de Ramot Yishai atacaron y apedrearon su casa. Los soldados israelíes que ya estaban allí sólo detuvieron a los colonos después de que terminaran el ataque.

El 21 de Febrero, el jefe del ejército israelí en Cisjordania emitió una nueva orden militar para confiscar 900 dunums de tierra que pertenece a diferentes familias de los pueblos de Dahireyya, Ramadeen y Dora, localizados en el suroeste del distrito de Hebrón. La orden está clasificada en la categoría de «ajuste fronterizo»: se confisca la tierra para construir un «muro de seguridad» alrededor del asentamiento de Eshkolot. Según el Comité Palestino de Defensa de la Tierra en Hebrón, que estudió el mapa proporcionado a los dueños de la tierra, se confiscarán sólo 900 dunums de tierra pero otros 2.400 quedarán detrás del muro de separación, lo que significa una confiscación de hecho.

El 22 de febrero, decenas de colonos organizaron una gran marcha durante las primeras horas de la noche en la calle principal al oeste de Kiryat Arba. Los colonos, en cooperación con soldados israelíes, dañaron varios automóviles estacionados a ambos lados de la calle. Los automóviles objeto de estos daños pertenecen a Waleed Khled Odah Jabaree, Najeh Ragheb Jabaree, Mohammaed i Jabaree y a la familia Qaimaree.

También el 22 de febrero, tres colonos de Ramot Yishi en Tel Rumeida, apedrearon y arrojaron basura sobre la casa de Mahoma Hamed Abu Aisha.

Nablús y norte de Cisjordania

El 15 de enero, un grupo de colonos atacó a algunos agricultores del oeste del pueblo de Bilin, situado al oeste de Ramala. Los colonos llegaron, atacaron a los agricultores y abrieron fuego sobre las cabras pertenecientes a Wajeeh Bernat. Los agricultores heridos son Farahat Bernat e Issa Abu Rahma.

El 19 enero, los colonos arrancaron alrededor de 70 olivos nuevos que pertenecen a Rateb al-Nasan, del pueblo de Mughair, situado al norte de Ramala. Fuentes locales informaron de que la tierra localizada entre los pueblos de Mughair y Kryout ya han sido varias veces objeto de ataques de colonos que viven en el área de Ramala.

El 22 de enero, un grupo de colonos armados del asentamiento de Miskiot, situado al noreste del pueblo de Tobas, atacó las casas de los palestinos del pueblo de Wadi al-Mleh, a 20 Km al este de Tobas. Los colonos atacaron con piedras a pastores y casas y les robaron tres vacas. En esta zona se han registrado muchas agresiones y ataques de los colonos durante los últimos meses. Los colonos reclaman como parte de su asentamiento, la tierra palestina de alrededor del mismo, donde los agricultores palestinos trabajaban y alimentaban a sus vacas y cabras. Según los residentes del pueblo, el ejército israelí nunca ha detenido a los colonos, a pesar de que se han presentado varias demandas legales ante el ejército y la policía israelíes.

La ausencia de una contestación de la policía permitió a los colonos perpetrar sus ataques libremente. Los residentes del pueblo no saben cómo enfrentarse a la violencia de los colonos y cada vez están más asustados.

El 1 de febrero, alrededor de 50 colonos llegaron con 12 automóviles al pueblo de Wadi Maleh, situado al norte del distrito de Nablús, en el valle del norte. Los colonos se desplegaron sobre el terreno alrededor del pueblo y obligaron a los agricultores de Hamamat a abandonar el lugar. Es la segunda vez en las últimas tres semanas que los colonos han venido al pueblo y han atacado a los granjeros.

El 13 de Febrero, colonos y soldados israelíes entraron en la tumba de José, cerca del campo de refugiados de Balata, al este de Nablús. Llegaron por la tarde y pasaron una noche allí rezando. La tumba pertenece a la Autoridad Palestina según el acuerdo de Oslo y, según el acuerdo firmado entre la AP e Israel, a los colonos no se les permite ir a visitarla. En realidad los colonos, protegidos por ejército israelí, de vez en cuando van allí a rezar. Según fuentes palestinas, en Nablús, últimamente los colonos van con más frecuencia y a menudo atacan a los residentes del lugar mientras el ejército israelí impone el toque de queda en la mayoría de los pueblos y campamentos palestinos del área, como los campos de Balata y Askar.

El 20 de febrero, los cerdos pertenecientes a los colonos del asentamiento de Ariel, al sur de la ciudad de Nablus, atacaron a Hikmat Abed al-Muti al-Reemawi, de 50 años, del pueblo de Bayt Reema en el distrito de Salfeet. Hikmat fue atacado mientras iba hacia su tierra, que está situada muy cerca del asentamiento. La víctima sufrió heridas en varias partes del cuerpo. Hikmat fue llevado al hospital Yasser Arafat en Salfeet y pasó 13 días ingresado en la UCI. Fuentes policiales palestinas de la ciudad informaron de que estas agresiones son habituales. Sobre todo en los pueblos de Wadi Qana y Dair Isteya, los cerdos de los colonos han dañado varios árboles y han atacado a los residentes. Las mismas fuentes informaron de que se han registrado varios casos y se han discutido oficialmente con la policía israelí, pero no se ha emprendido ninguna acción para impedir estas agresiones. Los colonos de Hebrón son célebres por su especial agresividad.

Fuente: Carlos Sanchis y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala.

Dabke Libanés

Dice el talmud…

En Schultchan Aruch, Choszen Hamiszpat 348 que dice:

“Toda la propiedad de otras naciones pertenece a la nación judía, que por lo tanto ha el derecho para agarrarla sin ningun escrupulo. Un judío ortodoxo no está limitado para observar principios de la moralidad hacía la gente de otras tribus. Él puede actuar contrario a la moralidad, si es provechoso a si mismo o a los judíos en general”.

Presos sin saber por qué

Se podría pensar que el bebé llamado Yousef tiene toda su vida por delante, pero nunca se sabe cuando se trata de un niño hijo de padres palestinos de la Franja de Gaza. Además, Yousef nació en una prisión israelí.

Es el único de los nueve hijos de Fatima al-Zeq que está con su madre, dado que ella fue arrestada hace nueve meses. Pero en estos días se encuentran separados. El bebé comenzó a tener dolores de estómago y vómitos, y ha sido transferido al hospital de la prisión de Hasharon.

Fatima envió cartas a organizaciones de derechos humanos en Gaza, solicitando su ayuda para que vigilen que el bebé reciba los cuidados que ella no puede brindarle personalmente.

Sus otros hijos ignoran por qué su madre está en prisión. Las autoridades israelíes no les informaron, ni a los funcionarios palestinos. Tampoco dieron información ante una consulta de IPS. Alegan que fue detenida por “razones de seguridad”.

Según una fuente palestina, fue arrestada porque las autoridades israelíes sospechaban que podría cometer un atentado en Israel, aunque no encontraron explosivos en su poder. Otra fuente sugiere que la enviaron a prisión porque es pariente de un líder del grupo fundamentalista palestino Jihad Islámica.

Nueve meses atrás, Fatima iba a un hospital israelí para que la atendieran y tenía un permiso para hacerlo, afirman sus familiares. Pero fue arrestada en un puesto de control.

Se unió así a miles de palestinos detenidos en cárceles israelíes. No siempre se informa a sus familias las razones del arresto, si se han formulado cargos, si se dictó una condena o cuándo serán liberados.

Jumana Abu Jazar, una niña de 7 años, sabe de qué se trata. “Mi madre murió, no tengo hermanos ni hermanas. Mi padre está en prisión en Israel. Vive en una celda oscura. Lo pude ver una vez”, relató.

Jumana vive con su abuela Umm Ala’a en el campamento de refugiados de Rafah. Umm Ala’a afirma que el padre de la niña “fue arrestado por las fuerzas de ocupación israelíes en 2001, cuando regresaba a Rafah acompañando a su padre, quien había recibido tratamiento médico en el exterior. Un juez lo condenó a 18 años de prisión”.

La familia afirma que no tienen idea del delito que habría cometido. Sólo una cosa es clara: él, como muchos otros, no disparó cohetes desde Gaza hacia Israel, ni realizó acciones que Tel Aviv considera ataques terroristas. Es culpable de ser miembro de un grupo político, según creen sus parientes.

“Su delito es ser palestino”, afirmó Umm Ala’a.

Muchos palestinos son condenados sin que se hagan públicos los cargos de los que fueron acusados. Pero muchos otros permanecen en las prisiones israelíes sin que se los lleve a juicio.

Ahmad Abu Haniyah, miembro del Centro de Información Alternativa, iniciativa creada hace 20 años por periodistas israelíes y palestinos, fue arrestado en mayo de 2005 y liberado un año después. Jamás le informaron las razones de su detención, nunca se presentaron cargos contra él ni fue llevado a juicio. Esto es lo que los israelíes llaman arresto administrativo.

Israel, ocasionalmente, libera grupos de prisioneros como un “gesto de buena voluntad”, algo que le otorga una buena imagen internacional, pero se trata de personas cuya detención ya estaba llegando a su fin. Esas medidas benefician a pocos palestinos y sirven para engañar a un número aún menor.

Atia Abu Mussa lleva preso 14 años, desde que tenía 21, en la cárcel del desierto de Nafha. Todos los lunes, sus parientes y los de otros detenidos se reúnen fuera del edificio de la Cruz Roja Internacional en Gaza y realizan una vigilia por sus seres queridos.

“Mi hijo lleva una semana en huelga de hambre”, dijo Ramdam al-Baba. Fue guardia en el cuartel general del ex presidente de la Autoridad Nacional Palestina Yasser Arafat (1996-2004). “Ese fue su crimen”, señaló su padre. Las condiciones de detención son extremadamente duras: “ni siquiera puedo enviarle una carta”.

A los palestinos se les niega el recurso del hábeas corpus. Las autoridades israelíes argumentan que no es necesario en el caso de las personas bajo “arresto administrativo”. Actualmente, más de 863 han estado bajo ese tipo de detención por más de 15 años, según datos de la Autoridad Nacional Palestina.

Hay 10.400 palestinos en las cárceles israelíes, entre ellos 90 mujeres y 328 menores de 18 años. Cuarenta y seis son legisladores, en su mayoría pertenecientes al Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas). Según organismos de derechos humanos israelíes, las fuerzas de seguridad recurren regularmente a la tortura.

El Dibujo del dia

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La impunidad del Ente sionista

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El analista Miguel Bastenier nos recuerda en un reciente escrito que a principios del siglo XX un periodista judío, Zangwill, popularizó el eslogan definitivo del sionismo: “Una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”. La “tierra sin pueblo” era Palestina, oficialmente Siria Sur, provincia del imperio otomano, y el pueblo era el judío en diáspora.

Pero en esa Palestina de mil novecientos vivía un millón de habitantes, de los que el 90% eran árabes. Los errores y malevolencias de Inglaterra tras la I Guerra Mundial, en la que desapareció el Imperio Otomano por derrota, concedieron una parte notable de Palestina al pueblo judío. A este respecto, Bastenier nos cuenta que Ilan Pappé, uno de los historiadores israelíes que han reescrito la historia del inicio del Estado de Israel sin fábulas ni mitos, ha explicado que el Plan Dalet, ejecutado por el ejército judío, limpió el terreno para que “un pueblo sin tierra ocupara una tierra sin pueblo”.

Pappé no nos cuenta una historia distinta a la de otros historiadores revisionistas del inicio de Israel, pero califica la guerra entre israelíes y árabes, previa a la fundación del Estado de Israel, como limpieza étnica. Eso es lo nuevo, que enlaza aquel tiempo con nuestros días.

Pappé relata cómo desde marzo de 1948, civiles y militares judíos pusieron en marcha el citado plan que incluyó la matanza de un centenar de aldeanos palestinos en Deir Yassin, y forzar a 250.000 palestinos de núcleos urbanos a huir. Entre fin de marzo y el 15 de mayo se “limpiaron” de palestinos doscientas localidades y la zona de Jaffa. Cientos de miles de expulsados. Pappé insiste en que el Plan Dalet fue una auténtica operación de limpieza étnica: si los palestinos no huían voluntariamente, eran expulsados por la fuerza. De un millón de palestinos, quedaron 150.000.

Sesenta años después, el gobierno de Israel pone en marcha periódicamente operaciones de represalia que recuerdan el Plan Dalet. La razón aducida es la “legítima defensa” frente a los proyectiles que guerrilleros de Hamás arrojan sobre territorio israelí con lanzamisiles artesanos. Una razón poco aceptable. La legítima defensa en un mundo civilizado que respete la legalidad es proporcionada al peligro o agresión, y un ataque de soldados israelíes, tanques, helicópteros armados y cazabombarderos es muy desproporcionado frente a kalashnikov y lanzamisiles artesanos, especialmente cuando los muertos los ponen sobre todo los civiles palestinos.

En siete años han muerto once ciudadanos israelíes por cohetes lanzados por guerrilleros de Hamás, pero en el último ataque contra la franja de Gaza, 116 palestinos, de los que más de la mitad son mujeres y niños, incluso bebés, y más de 350 han resultado heridos. En Yabalia, algunas mujeres y niños murieron en el dormitorio o en la cocina, habituales lugares de combate, como es conocido. Los últimos cohetes de Hamás causaron diez heridos leves.

El primer ministro israelí Ehud Olmert ha dicho que “si los civiles (israelíes) de Sderot no pueden llevar vida normal, tampoco podrán hacerlo los (palestinos) de Gaza”. También propio de un mandatario civilizado: la venganza de pelea de taberna. Y añadió, para convencernos de cuan civilizado es, que los ataques aéreos y terrestres contra Gaza no se detendrán ni un segundo a pesar de las críticas internacionales.

¿Y la comunidad internacional? Bien, gracias. El Consejo de Seguridad de la ONU, reunido con urgencia, condenó la escalada de violencia en la zona y decidió reunirse de nuevo. Juiciosa decisión, muy útil. Por supuesto, los miembros del Consejo expresaron su profunda preocupación “por la pérdida de vidas civiles en Gaza”. Varios países europeos y EEUU han pedido a Israel que contenga sus represalias y, a ambas partes, el fin de la violencia. El mismo hipócrita e ineficaz ritual que se pone en escena desde que Israel empezó a dejar claro que la legalidad internacional y el respeto a los acuerdos de paz le importan poco.

En tanto el grupo de presión judío de EEUU sea poderoso y los presidentes estadounidenses, demócratas o republicanos, lo teman tanto, Israel continuará impune, por más que se pase por donde quiera la legalidad y el derecho internacionales.

Pero nos queda la palabra para denunciarlo.

Fuente: Palestina Libre

El Tribunal Supremo sionista consagra la segregación

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La historia de la carretera 443, que une Jerusalén con una autopista que enlaza la ciudad santa con Tel Aviv, es un compendio de las prácticas arbitrarias ejercidas por las administraciones israelíes. La vía transcurre por territorio ocupado; ejemplifica los manejos del Ejército israelí y su poder para imponerse por encima del estamento civil, y muestra que los gobiernos y los tribunales dan su beneplácito posterior a los atropellos contra los palestinos. Hace diez días, el Tribunal Supremo emitió un fallo, dado a conocer hoy por el diario Haaretz, que consagra, por primera vez, una práctica segregacionista. Tras un largo proceso judicial, los demandantes palestinos han perdido la batalla y tendrán vetado circular por la carretera 443 que atraviesa Cisjordania. La Asociación para los Derechos Civiles en Israel arremetió contra este precedente judicial discriminatorio y que viola la legislación internacional.

La noticia en otros webs

Fue la primera de algunas vías que han sido bautizadas como carreteras del Apartheid. Todo comenzó a principios de la década de los ochenta, cuando se inició la construcción de la citada vía para que también los palestinos, a los que se impedía transitar por la autopista número 1, pudieran utilizarla. Se expropiaron predios de propiedad privada de palestinos y en los avatares judiciales que se suscitaron el Estado prometió que la carretera -jalonada de muros, vallas metálicas y torretas de cemento militares- permanecería abierta a todos los conductores, árabes e israelíes.

Pero tras el estallido de la segunda Intifada, en septiembre de 2000, y los ataques a vehículos israelíes, el Ejército cerró el paso a los coches palestinos. Sin encomendarse al Ejecutivo. El entonces viceministro de Defensa, el laborista Efraim Sneh, admitió que la decisión no fue consultada con el Gobierno. Y más tarde, la Administración Civil -el organismo dirigido por militares que gestiona los territorios ocupados- ofreció 80 permisos para conductores palestinos que residen en pueblos donde viven 30.000 personas.

Como ocurre en infinidad de ocasiones en Cisjordania, los uniformados dictan las normas. En las pequeñas carreteras que desembocan en la autopista 443 se observan hoy día bloques de cemento que taponan la salida a los lugareños. Sólo en algunos puntos, un puñado de taxis tienen permitido el acceso. Pero la gran mayoría de la población ha visto cómo se le ha cortado el camino a la ciudad de Ramala, capital administrativa de Cisjordania, y al resto de este territorio. Sucede lo mismo en cientos de kilómetros en la Cisjordania ocupada, reservados exclusivamente para el tránsito de los colonos.

EL Supremo ha dictaminado ahora que el Estado deberá explicar con detalle, en el plazo de seis meses, el estado de la construcción de una nueva carretera para empleo exclusivo de palestinos, lo que indica que la autopista 443 seguirá siendo utilizada únicamente por ciudadanos israelíes. La nueva vía acarreará nuevas expropiaciones y un coste de millones de euros.

Los abogados de la Asociación para los Derechos Civiles en Israel, que representa a seis pueblos a los que afecta la prohibición, aseguran que la decisión judicial viola las leyes internacionales y que los jueces han eludido pronunciarse sobre las cuestiones planteadas por los demandantes. Y, para colmo, los letrados afirman que los soldados han comenzado recientemente a acosar a los seis pueblos que entablaron la demanda con patrullas en las que utilizan bombas de luz y balas de caucho. Es la represalia contra quienes se atrevieron a acudir a la justicia.

Fuente: Juan miguel Muñoz, periodista español

Miles de huérfanos palestinos protestan contra el saqueo por parte del ejercito sionista de su comida y ropa

El pasado martes [11 de marzo] miles de huérfanos palestinos tomaron las calles en Hebrón, la ciudad del sur de Cisjordania, para protestar contra las recientes incursiones del ejército de ocupación israelí en sus orfanatos e internados.

A principios de esta semana cientos de soldados israelíes, respaldados por sus carros blindados, asaltaron la Sociedad de Beneficencia Islámica del centro de Hebrón, destrozaron las propiedades y saquearon alimentos, ropa, zapatos, muebles por valor de cientos de miles de dólares donados por donantes locales y extranjeros a beneficio de los huérfanos.

Esta sociedad de beneficencia, la mayor de Palestina, dirige dos orfanatos y varios internados que cuidan de 7.000 niños que han perdido a ambos padres o a uno los dos.

“Israel nos trata como los nazis trataron a los judíos’, se leía en una de las pancartas de los manifestantes. “Israel representa a los nazis de nuestra época”, se leía en otra. En una tercera, “Venceremos”.

Escoltados por la policía palestina, los manifestantes caminaron casi un kilómetros por la calle Ein Sara, una de las vías principales de Hebron.

Uno de los manifestantes, Ahmed Natshe, acusó a Israel de querer “aniquilar a los musulmanes”.

“Israel trata de justificar estos ataques criminales contra huérfanos palestinos citando supuestos vínculos con Hamas. Sin embargo, Israel ha sido completamente incapaz de presentar ninguna prueba creíble que corrobore estas acusaciones sin fundamento. Israel está actuando como juez, parte y policía, las tres cosas a la vez”.

Natshe afirmó que estaba “un mil por cien” seguro de que la sociedad de beneficencia no tenía “absolutamente ninguna” conexión con Hamas o con cualquier otro partido político palestino.

“No son tontos. Desde un principio sabían que las relaciones con Hamas les traerían problemas. Por lo tanto, se han asegurado meticulosamente de que no existieran tales relaciones”.

Cuando se le preguntó si la sociedad de beneficencia no podría llevar al ejercito israelí a los tribunales, Natshe respondió: “¿Está de broma? Si uno no es judío, es inútil apelar a un tribunal sionista. Los no-judíos no pueden esperar justicia de un tribunal sionista. Además, todo el sistema judicial israelí está supeditado a la clase dirigente del ejército israelí, lo que significa que los palestinos son culpables aunque demuestren ser inocentes”.

Según afirmaron altos cargos locales y testigos, el 6 de marzo soldados del ejército israelí tomaron al asalto edificios en los que se almacenaba comida y ropa, saquearon gran cantidad de comida congelada, de productos frescos, de ropa y zapatos, así como congeladores y material de cocina. El material saqueado estaba destinado a alimentar y vestir a los huérfanos.

Ahmed Farrah, un responsable del establecimiento, negó contundentemente que éste estuviera dirigido por Hamas.

“Somos una sociedad de beneficencia, no tenemos nada que ver con la política. Llevamos funcionado desde 1964, antes de la ocupación israelí, y el ejército y los servicios de inteligencia israelíes nos han instigado muchas veces, pero nunca han encontrado prueba alguna que sugiera actividades ilegales. Así que la verdadera razón de esta odiosa campaña es que quieren martirizarnos y debilitar a la sociedad palestinas. Creo que esto es una expresión del odio al Islam y a los musulmanes. Hoy en día Israel está llevando a cabo una guerra horrible contra nuestra religión”.

El mes pasado el ejército israelí irrumpió y saqueó varios edificios, negocios y otros locales propiedad de la Sociedad de Beneficencia Islámica en la zona de Hebron.

El ejército confiscó propiedades, incluyendo un orfanato, dos escuelas, un supermercado y varios edificios multi-usos así como cuatro autobuses.

En camiones enormes el ejército se llevó a una base militar cercana el material saqueado, incluyendo ordenadores, armarios, sillas, útiles de cocina y material escolar.

Una estudiante que participaba en la manifestación del martes y que hablaba inglés con fluidez, acusó al Estado de Israel de “comportarse de manera bárbara”.

“¿Quién, sino unos bárbaros, podrían irrumpir en orfanatos y robar comida donada a los huérfanos? Es una pregunta que hago a los judíos que tiene conciencia y moralidad”.

Hejazi al Jabari, un dirigente cívico de Hebron, dijo a los manifestantes que esperaba que “se resuelva pronto esta terrible experiencia vuestra. Estamos en contacto con gobiernos y organizaciones dentro y fuera de Palestina. Esperamos poder ejercer suficiente presión sobre el gobierno israelí para que cancele estas brutales medidas salvajes”.

Al-Jabari describió las acusación israelíes de que las sociedades de beneficencia estaba vinculadas a organizaciones de Hamas como “una completa mentira, de la A a la Z. Desafiamos al gobierno israelí a presentar un ápice de prueba de sus acusaciones”.

Un escritor y poeta local acusó a la Autoridad Palestina de Ramala de “actuar en connivencia con Israel y de coordinar con éste el cierre de los orfanatos e internados”.

“No tengo la menor duda de que (el ministro del Interior de la AP) Abdul Razzak al Yahya está detrás de todo esto”, afirmó un hombre que pidió permanecer en el anonimato.

“Están actuando como colaboracionistas de Israel. Si no, ¿por qué permanecen callados cuando se ha dejado en la calle a 7.000 huérfanos?”.