Dice el talmud…

“Considera al Goyim (al no judío) como un animal bestial y feroz, y trátalo como tal. Pon tu celo y tu ingenio en destruirle”. (Tomo 3, libro 2, cap. 4, art. 5).

El derecho a la autodeterminación, un falso ejercicio de universalismo

Lenin, el Holocausto judío y la siniestra coartada del sionismo

El derecho a la autodeterminación es un lujo que los ricos, los fuertes y los privilegiados se ofrecen para conservar el poder. Dado que los sionistas utilizan la influencia de los puestos importantes que ocupan para controlar el poder político internacional y poseen capacidad militar para mantener su “derecho a la autodeterminación”, cualquier debate político en torno a este concepto choca inevitablemente con la imposibilidad de los palestinos para ejercerlo. Por eso, en lugar de exigir algo que resulta poco práctico en la actualidad, deberíamos luchar por el derecho palestino y árabe a rebelarse contra el Estado judío y contra el imperialismo sionista mundial. En vez de perder el tiempo con fantasías retóricas, es mejor que desenmascaremos la política y la praxis tribales judías. Apoyar a Palestina es decir con coraje lo que pensamos y admitir lo que vemos.


En la imagen, una explicación visual de la autodeterminación sionista y sus consecuencias. En color verde, Palestina; en color blanco, Israel. De izquierda a derecha: 1) Palestina en 1946; 2) Plan de Naciones Unidas para la partición de ese mismo territorio en 1947; 3) Territorio de Israel entre 1949 y 1967 y 4) Israel y los Territorios Ocupados en 2000.


Ciudadano del mundo, cosmopolita y ateo

El año pasado, en una pequeña iglesia comunitaria de Aspen (Colorado), cuando llegó el turno de preguntas después de la charla que yo acababa de dar, un hombre de mediana edad que estaba al fondo de la sala se puso en pie y se presentó a sí mismo de la siguiente manera:

–Soy un ciudadano del mundo, cosmopolita y ateo. Me gustaría preguntarle algo, señor Atzmon…

–Espere –lo interrumpí–. Le ruego que no se ofenda si le hago una pregunta. ¿Es usted por casualidad judío?

El hombre se quedó paralizado durante unos instantes y no pudo impedir que se le ruborizase el rostro; todo el mundo en la sala se volvió a mirarlo. Quizá sentían curiosidad por ver qué pinta tenía un cosmopolita autoindulgente del siglo XXI. Por mi parte, me sentí un poco culpable, pues no había sido mi intención avergonzarlo. Tardó varios segundos en reponerse.

–Sí, Gilad, soy judío. ¿Cómo lo ha adivinado?

–Está claro que no lo sabía –dije–. En realidad era sólo una intuición. Sabe, cada vez que me encuentro con personas que se consideran cosmopolitas, ateos y ciudadanos del mundo, suelen ser judíos “progresistas” asimilados. Puedo suponer que quienes no son judíos tienden a vivir en paz con lo que son. Si nacieron católicos y deciden cambiar en algún momento, se deshacen de la Iglesia y en paz. Si no aman a su país como otros suelen amarlo, escogen otro donde vivir. De algún modo, quienes no son judíos –y esto que le digo carece de cualquier base científica– no necesitan esconderse tras vagos estandartes universales ni tras un sistema de valores artificial. Pero, ¿cuál era su pregunta?

No hubo ninguna. El “cosmopolita, ateo y ciudadano del mundo” no logró recordar cuál era su pregunta. Supongo que, de acuerdo con la tradición de los judíos post-emancipados, estaba allí para pregonar en público su derecho a la “autodeterminación”. Aprovechaba su turno de preguntas para que sus vecinos y amigos de Aspen se enterasen de lo estupendo que era. A diferencia de ellos, creyentes patriotas y usamericanos orgullosos, él era un humanista avanzado, un hombre por encima de las patrias, un sujeto descreído. Era el producto final “autodeterminado” de la Ilustración, el hijo de Voltaire y de la Revolución francesa.

La autodeterminación es una moderna epidemia política y social que afecta a los judíos. La desaparición del gueto y sus cualidades maternas dio lugar a una crisis de identidad dentro de la ampliamente integrada sociedad judía. Al parecer, todas las escuelas políticas, espirituales y sociales judías post-emancipadas del pensamiento de izquierda, de derecha y de centro vivían intrínsecamente preocupadas por el “derecho a la autodeterminación”. Los sionistas exigieron el derecho a la autodeterminación nacional en la tierra de Sión. El Bund les exigió la autodeterminación nacional y cultural en el discurso proletario de la Europa del Este; la organización anticapitalista Matzpen y los israelíes ultraizquierdistas exigieron el derecho a la autodeterminación de la “nación judía israelí” en el “Este árabe liberado”; los judíos antisionistas insistieron en el derecho a participar en un discurso esotérico judío dentro del movimiento de solidaridad con Palestina. Pero, ¿qué significa ese derecho a la autodeterminación? ¿Por qué será que cada idea política judía moderna se basa en ese derecho? ¿Por qué algunos judíos “progresistas” integrados sienten la necesidad de ser ciudadanos del mundo en vez de solamente ciudadanos ordinarios de Gran Bretaña o Francia o Rusia?

La pretensión de autenticidad

Es preciso decir que, aunque esa búsqueda de la identidad y esa autodeterminación están ahí para expresar que se pretende alcanzar una auténtica redención, el resultado directo de la política de la identidad y la autodeterminación es justamente lo contrario. Para empezar, quienes deben autodeterminarse suelen ser aquellos que están muy lejos de poder realizarlo; quienes han decidido que los consideren “cosmopolitas” y “humanistas laicos” son incapaces de ver que la fraternidad humana no necesita ni presentación ni declaración. Lo único que necesita es un amor genuino por los demás. Quienes emiten y firman manifiestos humanistas son aquellos que insisten en que los consideren humanistas, mientras que al mismo tiempo difunden la maldad tribal sionista. Es evidente que los cosmopolitas genuinos no necesitan declarar su compromiso abstracto con el humanismo. De manera similar, los auténticos ciudadanos del mundo viven en un mundo abierto, sin límites ni fronteras.

Yo, por ejemplo, vivo rodeado de músicos de jazz de todos los colores y orígenes étnicos. Son gente que vive en la carretera, que duerme cada día en un continente distinto, que se gana la vida con su amor por la belleza. Sin embargo, nunca he visto a un artista del jazz que se defina a sí mismo como ciudadano del mundo o cosmopolita o incluso como comerciante de belleza. Nunca he conocido a un artista de jazz que se dé un aire de importancia igualitaria ni que celebre su derecho a la autodeterminación. La razón es muy sencilla, los seres auténticos no necesitan autodeterminarse, son como son y dejan que los demás también lo sean.

El derecho a la autodeterminación

Suele decirse que el derecho a la autodeterminación es el reconocimiento de que todos los pueblos tienen derecho a determinar libremente su estado político y a desarrollarse económica, social y culturalmente. Suele considerarse que este principio es un derecho moral y legal. También está muy arraigado en la filosofía de Naciones Unidas. La palabra autodeterminación se utilizó en la Carta de Naciones Unidas y ha sido definida en diversas declaraciones y acuerdos.

Aunque solemos considerar normal que todo ser humano comparta sus afanes existenciales, el derecho a la autodeterminación sólo tiene sentido en el discurso liberal occidental, que acepta tal derecho y lo asume en la noción del individualismo ilustrado. Es más, ese derecho sólo pueden disfrutarlo los privilegiados con el suficiente poder político o militar como para convertirlo en una realidad práctica.

Sin embargo, preciso es mencionar que, incluso dentro del discurso liberal occidental, únicamente los judíos asumen su poder político en el “derecho de ser como los demás”. La razón es sencilla, a pesar de que los judíos liberados insisten en ser “como los demás”, está claro que los demás prefieren ser “como son”. Obviamente, esto quiere decir que la pretensión judía de ser como los demás es algo fútil, condenado al fracaso.

Hay que añadir también que, en las sociedades oprimidas, el derecho a la autodeterminación suele estar reemplazado por el derecho a rebelarse. Para un palestino que viva en los Territorios Ocupados, el derecho a la autodeterminación significa muy poco. Ningún palestino necesita autodeterminarse como tal, y ello por la sencilla razón de que ya lo es. E incluso si llegase a olvidarlo, cualquier soldado israelí se lo recordaría en el siguiente puesto de control. Para el palestino, la autodeterminación es un producto de la negación: es la confrontación diaria con la negación sionista del derecho palestino a la autodeterminación. Para el palestino, es el derecho a luchar contra la opresión, contra quienes lo matan de hambre y lo expulsan de su tierra en nombre de esa exigencia demasiado concreta de los judíos de ser “un pueblo como los demás”.

Asimismo, a pesar de que el derecho a la autodeterminación se presenta como un valor político liberador universal, en muchos casos se utiliza como un mecanismo divisivo que da lugar al abuso directo de los demás. Como sabemos, la moderna exigencia judía del derecho a la autodeterminación suele ponerse en práctica a expensas de los demás, ya sean palestinos, líderes árabes, proletarios rusos o soldados británicos y estadounidenses que arriesgan sus vidas contra el último bastión de enemigos israelíes en Oriente Próximo. Por mucho que el derecho a la autodeterminación se presente ocasionalmente como un “valor universal”, el análisis del uso siniestro y pragmático de ese derecho en el discurso político sionista revela que, en la práctica, está ahí al servicio de unos intereses tribales que, simultáneamente, niegan o desestiman los derechos elementales de otros pueblos.

El Bund y Lenin

Sería correcto afirmar que el Bund y los sionistas fueron los primeros en exigir con elocuencia el derecho de los judíos a la autodeterminación. El Bund era el sindicato de los trabajadores judíos de la Europa del Este. Al igual que el movimiento sionista, fue fundado oficialmente en 1897. Reivindicaba que los judíos en Rusia se merecían el derecho a la autodeterminación cultural y nacional dentro de la futura revolución soviética.

Es probable que el primero en analizar el disparate del ansia de los judíos por la autodeterminación fuese Lenin en su famoso ataque contra el Bund en el Segundo Congreso del POSDR (1903). “Marchad junto a nosotros”, replicó Lenin al Bund al rechazar su exigencia de un estatus étnico autónomo especial entre los trabajadores rusos. Claramente, a Lenin no se le escapó el segregador programa tribal de la filosofía del Bund. “Rechazamos cualquier parcelación obligatoria que sirva para dividirnos”, dijo Lenin. Por mucho que el líder soviético apoyase “el derecho de las naciones a la autodeterminación”, no aceptó el derecho judío a lo que correctamente identificó como segregador y reaccionario. Lenin respaldó el derecho de las naciones oprimidas a desarrollar sus entidades nacionales, pero se resistió a cualquier espíritu nacionalista intolerante y estrecho.

El líder revolucionario señaló tres razones principales contra el Bund y su exigencia de autodeterminación cultural:

1) La autodeterminación cultural nacional conduce al desmembramiento de las naciones y, por lo tanto, da al traste con la unión del proletariado.

2) La amalgama de las naciones era para Lenin un paso adelante, no un paso atrás. Criticó a los que “clamaban al cielo contra la asimilación”.

3) Lenin no consideraba que la “independencia cultural, no territorial” que propugnaba el Bund y otros partidos judíos fuese ventajosa, práctica o factible.

La actitud de Lenin ante el Bund debería ser motivo de reflexión. Su fino sentido común político le hizo dudar de la existencia de una base ética o política en el derecho de los judíos a la autodeterminación, así como de la reivindicación del Bund de que los judíos fuesen considerados como una identidad nacional, al mismo título que las demás naciones. Su respuesta fue sencilla: “Lo siento, muchachos, pero no sois una nación ni una minoría nacional, por la sencilla razón de que no estáis vinculados a un pedazo de tierra”.

Matzpen y Wolfowitz

“Los problemas nacionales y sociales de esta región sólo pueden solucionarse con una revolución socialista que derrocará todos los regímenes existentes y los reemplazará por una unión política dirigida por los trabajadores. En este territorio árabe común y liberado se reconocerá el derecho a la autodeterminación (incluido el derecho a un Estado distinto) de cada una de las nacionalidades no árabes que viven en la región, entre ellas la nación judía israelí” (Principios Fundamentales de la Organización Socialista en Israel [Matzpen], http://www.matzpen.org/index.asp?p=principles).

Todo indica que los denominados ideólogos judíos “progresistas” nunca han interiorizado la crítica de Lenin, pues abusar de los demás y rechazar sus derechos elementales se ha vuelto inherente a su pensamiento político. La lectura del documento que establece los Principios Fundamentales de la Organización Socialista en Israel, el legendario grupo ultraizquierdista Matzpen, lo deja a uno perplejo.

Ya en 1962, los matzpenistas tenían un plan para “liberar” el mundo árabe. De acuerdo con los principios de la Matzpen, lo que hay que hacer es “derrocar todos regímenes (árabes) existentes” para reconocer “el derecho a la autodeterminación de cada una de las nacionalidades no árabes que viven en él, entre ellas (por supuesto) la nación judía israelí”.

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que, al menos categóricamente, los principios de la Matzpen no son distintos de la cantinela neocon de Paul Wolfowitz. La Matzpen tenía un plan para “derrocar” todos los regímenes árabes en nombre del “socialismo” con el fin de que los judíos pudiesen “autodeterminar” quiénes son. Wolfowitz haría exactamente lo mismo en nombre de la “democracia”. Si sustituimos la palabra socialista del “progresista” texto judeocéntrico de la Matzpen y la reemplazamos por la palabra democrática, nos encontramos un devastador texto neocon que dice lo siguiente:

“Los problemas nacionales y sociales de esta región sólo pueden solucionarse con una revolución democrática que derrocará todos los regímenes existentes y los reemplazará por una unión política [...] Se reconocerá el derecho a la autodeterminación (incluido el derecho a un Estado distinto) de cada una de las nacionalidades no árabes que viven en la región, entre ellas la nación judía israelí.”

Al parecer, tanto la progresista Matzpen como los reaccionarios neocons utilizan un concepto abstracto similar, con pretensiones de universalidad, para justificar el derecho judío a la autodeterminación y la destrucción del poder árabe regional. Ambos saben lo que la liberación puede significar para los árabes: para el matzpenista, liberarlos es convertirlos en bolcheviques. El neocon es un poco más modesto, lo único que quiere es que beban Coca-Cola en una sociedad democrática occidentalizada. Las dos pretensiones están condenadas al fracaso, porque la noción de autodeterminación es abrumadoramente eurocéntrica; las dos se basan en una noción ilustrada de la racionalidad; las dos tienen muy poco que ofrecer al oprimido, pues están ahí para racionalizar y ofrecerle al colonialista un poco de falsa legitimidad “universal”.

Es evidente que la Matzpen nunca tuvo ni poder ni significación política, porque nunca estuvo cerca del pueblo árabe y, mucho menos, de sus masas. Por eso, la Matzpen nunca logró afectar las vidas de los árabes ni destruir sus regímenes. Sin embargo, los izquierdistas judíos de todo el mundo consideran que la Matzpen fue un capítulo importante de la izquierda israelí. Para ellos fue un momento singular del despertar ético israelí. Resulta vergonzoso (o demoledor) comprobar que el momento más ilustrado y exquisito del despertar moral de la izquierda israelí produjo un discurso político que no es categóricamente distinto del infame intento de George W. Bush de “liberar” al pueblo iraquí. Está por encima de cualquier duda que los izquierdistas judíos (al estilo de la Matzpen) y los intervencionistas anglo-usamericanos sionizados (al estilo neocon) son, de hecho, las dos caras de una misma moneda (o, permítaseme decir, las dos caras del mismo shekel, la divisa israelí). Desde los puntos de vista teórico, ideológico y pragmático están muy cerca los unos de los otros. Ambos pensamientos políticos son judeocéntricos hasta la médula, pretenden ser universalistas y buscan la “liberación” y la “libertad”. Pero, a fin de cuentas, a lo único que aspiran es a la autodeterminación judía a expensas de los demás.

El derecho a ser como los demás: la lógica sionista

Lo siguiente es una serie de extractos procedentes de un documento presentado en 2005 ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Fue redactado por el Comité Coordinador de Organizaciones judías (CBJO) y la organización B’nai B’rith. Su lectura sirve para saber de qué manera tales organizaciones ponen en práctica el poder político en lo referente al derecho a la autodeterminación.

El CBJO toma como punto de partida histórico de su declaración el “final del Holocausto” y la creación de la Organización de Naciones Unidas. El vínculo entre ambos y su intencionalidad están claros. A esta organización se le atribuye el papel de organismo que salvará a los judíos de cualquier nuevo intento genocida.

“Cuando este año el mundo conmemora el 60 aniversario del final del Holocausto y de la creación de Naciones Unidas, nosotros, en la comunidad de los Derechos Humanos, tenemos la oportunidad de reafirmar nuestro compromiso con los principios de la Carta de Naciones Unidas, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de otros documentos fundacionales del régimen internacional de Derechos Humanos. De tales derechos, uno de los fundamentales es el de la autodeterminación. Este derecho garantiza otros derechos humanos, como el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de la persona, a la preservación del honor y a la igualdad ante la ley.”

Se observará que, hasta aquí, el derecho a la autodeterminación se expresa en términos universales. Pero que nadie se confunda: pronto dará un giro siocéntrico.

“Los acontecimientos revelados hace 60 años, cuando las fuerzas aliadas entraron y liberaron los campos de concentración nazis, podrían haberse prevenido si el derecho del pueblo judío a la autodeterminación hubiese estado protegido y fomentado… Tal como demuestra la historia del pueblo judío en el siglo XX, sin un Estado propio –la puesta en práctica del derecho a la autodeterminación– el pueblo judío corría el riesgo de la discriminación, el aislamiento y, en última instancia, el exterminio.”

Sin prisa, pero sin pausa, se manifiesta ahora la desviación, desde el enfoque ético universal hasta la argumentación judeocéntrica. Sin embargo, es importante mencionar que antes de la Gran Guerra los judíos occidentales y estadounidenses estaban ya emancipados y disfrutaban del derecho a la autodeterminación, si bien no muchos de ellos pensaban que éste debía plasmarse en Palestina a expensas de los palestinos. Además, si se piensa en retrospectiva, está claro que el derecho de los judíos a la autodeterminación ha provocado a su vez el Holocausto palestino. En otras palabras, el derecho judío a la autodeterminación tiene un impacto positivo muy limitado sobre la humanidad y la realidad humana, lo cual es algo que la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas debería tener en cuenta.

“Si reflexionamos sobre esta historia, debemos señalar el resurgimiento del antisemitismo y su nueva manifestación, el antisionismo. En diversos círculos intelectuales, en campus universitarios y en los medios, el derecho humano básico a la autodeterminación del pueblo judío está siendo erosionado a diario por medio de tergiversaciones y ecuaciones falsas. Estos antisionistas describen la autodeterminación del pueblo judío como excluyente de la autodeterminación de los palestinos. Algunos desean dar marcha atrás al reloj de la historia promoviendo la solución de “un Estado único” para resolver el conflicto israelo-palestino, propuesta que fue rechazada por la Asamblea General en 1947, precisamente porque le habría negado el derecho a la autodeterminación al pueblo judío… El antisionismo es un sendero peligroso, porque gira en torno a la destrucción del Estado judío. Como tal, es contrario a la Carta de Naciones Unidas, al acuerdo internacional sobre los derechos económicos y sociales y culturales…”

Curiosamente, los talentosos miembros del CBJO se dan cuenta de que, tarde o temprano, alguien pondrá en entredicho la validez ética del “derecho judío a la autodeterminación”. De hecho, eso es exactamente lo que voy a hacer unos cuantos párrafos más abajo. Los sionistas son lo bastante listos como para prever la posibilidad de que esa “carta blanca” que les permite arruinar millones de vidas en Oriente Próximo en nombre del falso concepto universal pueda expirar algún día.

Sin embargo, los del CBJO apuntan a una solución optimista del conflicto israelo-palestino. Esto es, al menos, lo que quieren que creamos:

“A día de hoy observamos un progreso extraordinario en Oriente Próximo entre Israel y los palestinos. El pueblo palestino ha elegido un gobierno que se compromete a rechazar el terrorismo como arma política en provecho de la democracia y la paz. Este camino que conduce a la coexistencia pacífica con el pueblo judío señala un cambio importante, lejos de la política palestina de la violencia… Todas las resoluciones aprobadas por esta Comisión bajo este artículo del programa deben tratar de ratificar el derecho a la autodeterminación del pueblo judío junto al de los demás pueblos… Sólo entonces la Comisión de Derechos Humanos será fiel a sus principios fundacionales. Sólo entonces la Comisión de Derechos Humanos formará parte de la solución, en vez de exacerbar el problema. Sólo entonces demostrará que ha aprendido las lecciones que deberían haberse aprendido hace 60 años, y defenderá el derecho básico del pueblo judío a la autodeterminación junto a un Estado palestino democrático.”

Como puede verse, el CBJO está ahí para decir a los palestinos quiénes son y qué deben ser, a saber, democráticos y laicos. Aunque parezca mentira, el derechista CBJO no es diferente de la “progresista” organización socialista Matzpen y lo que esto implica debe quedar claro a partir de ahora: no existe izquierda ni derecha en la política laica judía moderna, sino orientación tribal autocéntrica, que por razones obvias proyecta falsas imágenes de diversidad política.

Un Estado, dos Estados o un único Estado de todos sus ciudadanos

No son muchos los palestinos e intelectuales árabes que toman parte en el debate sobre la solución de uno o dos Estados. La razón es muy evidente: los palestinos y los árabes se dan cuenta de que no es en las instituciones académicas ni en las conferencias de solidaridad con Palestina donde habrá que decidir las cuestiones relacionadas con el futuro de la región, sino sobre el terreno. El impacto de un solo misil Qassam en el Negev occidental es mucho mayor que cualquier forma de discusión intelectual concluyente relacionada con la “resolución del conflicto”. Tal como parece, la exigencia de “un único Estado” para todos, ya sea laico, democrático o islámico, es teórica y retórica y no involucra en absoluto a los israelíes, que todavía poseen el poder político y el poder militar para mantener el Estado único judío.

Mientras la noción de autodeterminación carezca de significado para el pueblo palestino, lo mismo sucederá con la exigencia verbal de un Estado. Mientras la hambruna y los planes genocidas anunciados por el gobierno israelí se ciernen sobre Gaza, los debates sobre el futuro de la región no son más que un lujoso entretenimiento de privilegiados.

Para lo único que sirve el debate sobre la solución de un único Estado es para mantener la hegemonía israelí y judía dentro del discurso de la solidaridad con Palestina. La razón es muy sencilla, cualquier discusión que apunte hacia la solución política tiene naturalmente en cuenta el “derecho judío a la autodeterminación” y esto se eternizará a menos que consintamos en introducir un radical cambio político e intelectual en el discurso. Al igual que Lenin en 1903, debemos poner en entredicho la validez de la noción del derecho a la autodeterminación. Siguiendo a Lenin, debemos admitir la posibilidad de que el derecho judío a la autodeterminación es, en realidad, una engañosa pretensión segregadora: está ahí para disfrute de ricos, colonialistas y privilegiados a expensas del débil y del oprimido.

Debemos ponernos en pie y cuestionar abiertamente por qué los judíos o cualquier otro grupo merecen un derecho a la autodeterminación. ¿Acaso no es verdad que tal derecho siempre se ejerce a expensas de alguien? Debemos ponernos en pie y preguntar qué derecho moral le permite a un judío de Brooklyn que se autodetermine como sionista y futuro ocupante de Palestina. Debemos preguntar sin tapujos qué es exactamente lo que le da derecho a un judío nacido en Israel a vivir en tierra palestina a expensas del palestino nativo. ¿Acaso tengo yo derecho a exigir mi autodeterminación como astronauta de la NASA o cirujano? ¿Me permitiría alguien que le operase el corazón si mi única referencia fuese mi falsa representación como cirujano cardiovascular?

Estas preguntas no son nada fáciles de contestar. Pero eso no significa que no debamos hacerlas. Yo, como Lenin, tiendo a descartar la legitimidad judía del derecho a la autodeterminación como una reclamación falsa y segregadora. En vez de ese derecho, sugeriría un enfoque ético alternativo, que he tomado prestado de Azmi Bishara (http://en.wikipedia.org/wiki/Azmi Bishara), el intelectual palestino y ex parlamentario de la Knesset que se vio obligado a exiliarse, y ello a pesar de que era diputado. Bishara trascendió el debate sobre uno o dos Estados o sobre el derecho judeocéntrico a la autodeterminación. Acuñó una brillante noción política, el “Estado de todos sus ciudadanos”. En vez de un Estado de los judíos, Bishara sugirió un Estado de las personas que viven en él.

Intelectual vigoroso y conocido crítico del Estado israelí, Bishara ha mantenido en numerosos escritos y declaraciones públicas que la autodenominación de Israel como “Estado judío y democrático” es discriminatoria. Al exigirle a Israel que sea un “Estado de todos sus ciudadanos”, Bishara ha puesto abiertamente el dedo en la llaga del conflicto entre la mayoría judía y la minoría palestina sobre la definición de la nacionalidad en Israel. Encarna una tendencia entre la minoría arabopalestina, que exige igualdad socioeconómica y política, así como en los aspectos cívicos y de nacionalidad, pero no sólo en los textos legales. Podría decirse que el enfoque de Bishara es un ejercicio político del derecho palestino a la autodeterminación. Por eso, no pasó mucho tiempo antes de que tuviera que huir de Israel para salvar el pellejo.

Como hemos visto, el derecho a la autodeterminación es un lujo de ricos para proteger su poder. Los únicos que se lo pueden permitir son quienes ya viven en la opulencia, son fuertes y privilegiados. Los sionistas pueden alardear de estas cualidades, además de poseer el poderío militar necesario para mantener su “derecho a la autodeterminación”. Sin embargo, teniendo en cuenta la realidad sobre el terreno, en vez de exigir pomposos derechos, debemos luchar a favor del derecho palestino y árabe a rebelarse contra el Estado judío y contra el imperialismo sionista mundial. En vez de perder el tiempo con fantasías retóricas e intercambios académicos, más nos valdrá desenmascarar la política y la praxis tribales judías. Apoyar a Palestina, lo repito, es decir con coraje lo que pensamos y admitir lo que ven nuestros ojos.

Entrevista a Jaled Mishal, Líder de Hamás en el exilio: “La política de EE UU ha fracasado en Irak, Palestina y Líbano”

Jaled Mishal 

 

 

 

 

“Israel no quiere pagar el precio de la paz”, asegura Jaled Mishal, el líder de Hamás en el exilio. Pero este activista reconvertido a político no espera que le crean y se esfuerza por argumentar sus declaraciones. Enumera el rechazo de Israel a todos los planes de paz fueran árabes o internacionales, el hecho de que ignorara la tregua unilateral que el Movimiento de Resistencia Islámica decretó en 2005 o el bloqueo a su Gobierno elegido en 2006. Pero también responsabiliza a EE UU, cuya política considera que “ha fracasado en Irak, Palestina y Líbano”. “No se puede alcanzar la paz en la región sin Hamás”, concluye.

Mishal (Ramala, 1956) recibe a EL PAÍS en su despacho del barrio de Mezzeh, una zona residencial de Damasco, donde encontró refugio después de que en 1997 dos agentes del Mosad intentaran asesinarle en Jordania. La historia de cómo le inyectaron un veneno y la intervención del rey Husein para que el Gobierno israelí facilitara el antídoto a cambio de la libertad de sus espías parece sacada de una película de acción. Sin embargo, a pesar del reciente atentado contra un activista de Hezbolá en la capital siria, las medidas de seguridad son discretas y el que tal vez sea uno de los hombres más odiados de Israel asegura no tener miedo a la muerte.

¿Qué opina de los resultados de la reciente cumbre árabe en lo que respecta a Palestina?

Las resoluciones son positivas porque subrayan la condena a la ocupación israelí, reconocen el derecho del pueblo palestino a la resistencia y piden el fin del bloqueo a Gaza. Pero las cumbres árabes carecen de capacidad para poner sus resoluciones en práctica. No me refiero sólo a Damasco. En este momento de discrepancias y divisiones entre los árabes, lo obtenido nos parece un logro.

¿Aún considera válida la iniciativa de paz árabe de 2002 a la que también se ha hecho mención?

Ya dijimos entonces que no iba a tener éxito porque Israel la iba a rechazar y la Administración estadounidense no la tomaría en serio. Y esto es lo que ha pasado desde 2002. Israel no quiere la paz. Quiere conservar la tierra, seguir ignorando los derechos árabes y palestinos, y al mismo tiempo obtener seguridad. No quiere pagar el precio de la paz. Lo prueba el que haya rechazado todas las iniciativas árabes, palestinas e internacionales. Así que seis años después de haber lanzado su iniciativa, los líderes árabes deber reconsiderar su oferta. Según la ley del mercado, si uno expone su mercancía durante mucho tiempo y nadie la compra, su precio baja. Israel debe saber que los árabes tienen otras alternativas. Eso no significa desatar una guerra contra Israel. Pero existe la alternativa de auto respetarse, de resistir, de respaldar a la resistencia, de hacer sentir a Israel que no puede tener seguridad sin dar sus derechos a los árabes.

¿Está diciendo que no hay solución negociada para el problema palestino?

Ningún ocupante retrocede por su propia voluntad, sólo lo hacen obligados por la fuerza. De ahí que las negociaciones con Israel sin el respaldo de la fuerza carezcan de sentido. No se consigue que se retiren respetando sus valores. Si el ocupante tuviera ética, no hubiera tomado las tierras de otros. Hay que obligarle a poner fin a la ocupación. Además, la paz la hacen los fuertes, no el débil con el fuerte.

Y sin embargo usted descarta la alternativa de la guerra…

Esa alternativa no es posible ahora por el desequilibrio de fuerzas entre los árabes e Israel. Sin embargo, sí es posible la resistencia. Y los árabes deben respaldar la alternativa de la resistencia. Con el apoyo económico y material de los países árabes, islámicos y otros amigos de la nación (Palestina), la resistencia es capaz de hacer frente a la ocupación y obligar a Israel a retirarse. Ya ha ocurrido antes en dos ocasiones: en el sur de Líbano en el año 2000 y en Gaza en 2005.

Pero los palestinos están embarcados en una lucha fratricida. ¿Cómo se explica? ¿No obstaculiza su objetivo de un Estado independiente?

No hay duda de que tenemos un problema en la dirección palestina. Todos sabemos que la causa de esa división es la injerencia extranjera, israelí y estadounidense para ser más precisos. También hay palestinos corruptos que se benefician de la situación. Esa división nos debilita como palestinos y no ayuda a conseguir el Estado palestino. Es parte del desafío que afrontamos. Nosotros, desde Hamás, hemos intentado la reconciliación en varias ocasiones pero la Presidencia palestina la ha rechazado. Recientemente en Sanaa alcanzamos un acuerdo, pero luego se echaron para atrás. Estados Unidos e Israel les impide entablar un diálogo ínter palestino. Estados Unidos e Israel plantearon a Mahmud Abbas dos alternativas: o la relación con Hamás o la relación con ellos. El factor exterior dificulta y retrasa la solución del problema interno, pero seguiremos trabajando para encontrar una solución a través del diálogo. Al final, será el pueblo palestino el que decida, porque sabe bien quién acepta y quién rechaza el diálogo, quién es soberano e independiente y quién depende de Israel y Estados Unidos.

Entonces, ¿no ha tenido oportunidad de hablar con Mahmud Abbas durante la cumbre árabe?

Se niega a reunirse con nosotros.

Sin embargo, otros líderes sí que lo han hecho…

A algunos les plantea problemas y a otros no. Me he reunido con varios líderes y ministros de Exteriores.

¿Qué ha obtenido de esas reuniones? ¿Ha encontrado disposición a darle más apoyo?

Algunos entienden que el problema no está en nosotros sino en la Autoridad Palestina y son conscientes de la influencia negativa de Estados Unidos e Israel sobre ellos. Muchos, tanto en el escenario árabe como internacional, son conscientes de que no se puede ignorar a Hamás, de que la política de aislar y bloquear a Hamás ha fracasado, y de que no se puede alcanzar la paz en la región sin Hamás.

¿Cree que el nuevo viaje de Condoleezza Rice a la zona contribuye a desbloquear la situación?

Al contrario, el esfuerzo estadounidense es para impedir que haya un acuerdo. Rice viene para presionar a los negociadores palestinos para que acepten cualquier arreglo aunque no tenga contenido. La Administración estadounidense no está interesada en un arreglo definitivo; sólo busca un logro superficial que le sirva en las próximas elecciones. Ha venido a la vez que se celebraba la cumbre para profundizar la división árabe. También para impedir cualquier acuerdo entre los palestinos.

¿Cambiarán las cosas con un nuevo presidente, probablemente demócrata, en la Casa Blanca?

Hay poca diferencia entre las Administraciones estadounidenses. En la historia del conflicto árabo-israelí no ha habido diferencias significativas. Tal vez han tenido diferencias respecto a Irak, pero no en relación con el problema palestino. Todos los presidentes compiten en su apoyo a Israel. La política estadounidense en la región ha fracasado y va a seguir fracasando. Ha sido así en Irak, pero también en Palestina y en Líbano. Nunca tendrá éxito porque no tiene nada que ofrecer porque no es ni objetivo ni neutro.

Ha mencionado los tres países con grupos activos de resistencia a las políticas de Estados Unidos (Hamás, Hezbolá y la milicia de Muqtada al Sáder). ¿Existe una línea de acción concertada?

No hay un frente común. Cada caso es diferente. Tanto en Palestina como en Líbano la resistencia contra el ocupante es muy clara. El caso de Irak es más complicado y el movimiento de resistencia no se limita a un solo grupo o persona. Lo único en común es que no se someten a la hegemonía de Estados Unidos e Israel. Al contrario, la resistencia está creciendo a la sombra del fracaso de ambos y en la ausencia de una solución política.

Estados Unidos les acusa de recibir ayuda de Irán. ¿Qué tipo de relación mantienen con ese país?

Como movimiento de resistencia estamos abiertos a todos. No limitamos nuestras relaciones a Irán. Tenemos relaciones con los estados árabes, los islámicos –incluido Irán-, los europeos y con otros. Aceptamos cualquier apoyo para nuestro pueblo. No pedimos ayuda para Hamás, sino para el pueblo palestino. Ahora mismo hay 18.000 funcionaros a los que el Gobierno de Salam Fayyad no les está pagando, y 100.000 trabajadores que se han quedado en paro debido a la política de sanciones. Intentamos asistirles. Por eso acogemos cualquier ayuda que no venga con condiciones.

¿Qué necesitan para poder convivir con Israel? ¿Vale con la retirada a las fronteras de 1967?

En nuestro consenso nacional acordamos el establecimiento de un Estado palestino en los territorios de 1967, con Jerusalén como capital, el derecho de retorno y la eliminación de todos los asentamientos. Israel lo ha rechazado. El problema no es la postura palestina o la postura árabe, sino la israelí. Aceptamos un Estado con las fronteras de 1967, pero Israel lo rechaza, Estados Unidos apoya su rechazo y la comunidad internacional guarda silencio. Muchos interlocutores internacionales nos preguntan por qué no cesamos el lanzamiento de misiles y declaramos una tregua. Estamos dispuestos a ello porque somos la víctima, la parte agredida, cuya tierra está ocupada. Es Israel el agresor y el ocupante. Si cesa su agresión, estamos dispuestos a declarar una tregua, pero tiene que ser una tregua global, en Gaza y Cisjordania, bilateral y simultánea, no unilateral. Es necesario levantar el bloqueo a Gaza y abrir los pasos para que haya una situación viable para el pueblo palestino. Lo han intentado Egipto, Rusia y algunos (mediadores) europeos, pero Israel sigue negándose. Quieren un alto el fuego palestino y luego decidir qué hacer.

De acuerdo, pero ¿cómo justifica los atentados suicidas?

Consideramos que las operaciones de martirio son una reacción a las matanzas israelíes. La prueba de ello es que no comenzaron hasta la matanza de la mezquita de Abraham en Hebrón en 1994. Hace doce años propusimos a los israelíes dejar a los civiles fuera del conflicto, pero rechazaron nuestra propuesta. Por eso consideramos que todas las acciones de la resistencia palestina, incluidas las de inmolación, son de autodefensa. Además, Israel posee un arsenal muy avanzado y nosotros sólo disponemos de armas muy modestas y simples. De ahí que el palestino que no encuentra mejor arma, se hace estallar a sí mismo contra el enemigo.

Entonces, cuando acabe la ocupación, ¿dejará de estar justificado?

Por supuesto. Pero hay una doble moral. ¿Por qué no se produce la misma reacción internacional cuando Israel perpetra una matanza de palestinos?

Ha dicho que Gilad Shalit, el soldado israelí capturado en Gaza hace dos años, está vivo. ¿No serviría su liberación como un gesto de buena voluntad para desbloquear la situación?

A pesar de que Gilad Shalit fue arrestado en combate, y no como hace Israel con los políticos palestinos a los que secuestra y mata, le estamos tratando muy bien porque tenemos ética y valores religiosos. Israel sin embargo tortura a los 11.000 palestinos que tiene en sus cárceles. Tenemos interés en liberarle siempre que Israel libere a los presos y presas que le hemos pedido.

¿Cuántos son?

Hemos presentando una lista de mil. La comunidad internacional debe respetar al ser humano. Si Gilad Shalit es un ser humano, los presos y las presas palestinos también lo son. Lo que obstaculiza la puesta en libertad de Gilad Shalit es el capricho israelí, la negativa de (el primer ministro israelí Ehud) Olmert a liberar a nuestros presos. Por eso responsabilizo a Olmert de alargar el secuestro de Gilad Shalit.

Israel ya intentó asesinarle cuando usted vivía en Jordania. Ahora tras el atentado contra Imad Maghniye aquí en Damasco, ¿no teme por su vida?

No tememos a la muerte. Queremos una vida digna. Es nuestro deber resistir al ocupante, defender nuestros derechos y servir a nuestro pueblo para que pueda librarse de la ocupación. Líder es aquel que se sacrifica por sí mismo, por su causa y por su pueblo, no al revés. El pueblo palestino no teme a nadie porque tiene una causa justa. Son los israelíes los que tienen miedo porque el ocupante nunca tiene tranquilidad.

Fuente: Diario “El País” de España-Palestina Libre

El ente sionista tiene que dejar de construir colonias terroristas judías

 

 

 Alturas del Golan en SIRIA

 

 

Se aprobó este jueves, en la séptima reunión del Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU, celebrada en Ginebra, una resolución que reclama a Israel el abandono de su política de construcción de más asentamientos en los territorios palestino y sirio, bajo ocupación israelí, incluyendo Jerusalén Oriental y los Altos del Golán.

Dicha resolución condenó la declaración israelí publicada el 17 del presente mes, que contempla la construcción de más viviendas para los judíos en Jerusalén Oriental y en sus alrededores. Según el CDH, esta decisión viola las normas del derecho internacional y el compromiso asumido por Tel Aviv en la Conferencia de Anápolis de 2007, y afectará al proceso de paz entre Israel y Palestina.

Además, se aprobó por unanimidad una resolución en dicha reunión, reiterando la necesidad de una coexistencia pacífica y segura de ambos países, exhortando a todos miembros y organizaciones de la ONU a ofrecer apoyo al pueblo palestino, para que cuanto antes pueda proclamar su estado.

El Dibujo del dia

La policía sionista prohibe un festival cultural en la eterna ciudad palestina de Jerusalén

 

 

La policía israelí de Jerusalén prohibió a los palestinos de la ciudad celebrar un festival cultural bajo el título “Jerusalén, Capital Cultural árabe el 2009.”

Cientos de policía israelíes se desplegaron el martes alrededor del Teatro Hakawati en Jerusalén Oriental, donde se suponía que se celebraría el festival e impidieron que residentes y participantes llegaran a la zona del teatro.

La policía también atacó al Ministro Palestino de Cultura y al jefe de la oficina del presidente palestino en Cisjordania.

Así mismo, arrestaron ilegalmente a Bassim Al Masry, director ejecutivo del festival y lo trasladaron a las instalaciones para interrogatorios Al Maskobiyya de la ciudad.

El Ministro de Seguridad Interior israelí, Avi Dichter, emitió un orden declarando que este festival fue planeado por la Autoridad Palestina sin obtener una licencia deL Distrito de Policía de Jerusalén.

Agregó que, según el artículo 3 B de la ley israelí, se prohíbe esta “reunión en el Centro Hakawati de Jerusalén y en cualquier otro lugar de Israel.”

A pesar de la prohibición, y a pesar de la extensa presencia policial, el Supremo Comité Nacional insistió en mantener la celebración y celebrar la actividad en la calle frente al teatro y los participantes cantaron el himno nacional palestino.

Rafeeq Al Husseiny, secretario general de la oficina del presidente, declaró que las actividades nacionales palestinas continuarán en Jerusalén aun cuando la policía israelí decida cerrar todas las salas y teatros, y agregó que a pesar de estas penurias, los palestinos demostrarán que Jerusalén es una ciudad árabe y es la capital de todos los países árabes.

En una entrevista especial con la Red Palestina de Noticias, Al Husseiny declaró que la decisión israelita de prohibir el Festival Cultural de Jerusalén es un ataque contra la cultura, la humanidad y el desarrollo.

Añadió que esta conferencia no esta motivada políticamente y que es sólo cultural pero “Israel quiere suprimir la cultura palestina en Jerusalén.”

El Ministro Palestino de Cultura y Juventud, Tahani Abu Doqqa, dijo que esta violación israelí es parte de los brutales ataques contra la población palestina al tiempo que Israel habla de paz y negociaciones.

“Esto demuestra ese Israel no quiere vivir lado con lado con los palestinos, sobre todo en la Ciudad Santa de Jerusalén”, Abu Doqqa agregó, “el festival es una actividad pacífica que no está dirigida contra la ocupación ni contra nadie.”

Los ministros de cultura de los países árabes decidieron que Damasco sería la Capital de la Cultura Árabe en el 2008 y Jerusalén en el 2009. Desde entonces, los palestinos crearon un comité nacional para preparar este evento; el Comité está encabezado por el presidente palestino, Mahmoud Abbas.

Fuente: Rebelion

El candidato republicano a presidente de EE.UU John McCain, desde ya se baja los pantalones ante los terroristas sionistas

 

 

“Papafritas” McCain 

El ente sionista no vota pero vive intensamente los comicios norteamericanos. El eco de esta cita en este país no se expresa en la llegada del candidato republicano John McCain sino por ejemplo que el programa televisivo de sátira, ‘Eretz Nehederet’ (tierra maravillosa, en hebreo), incluya entre los personajes parodiados al dúo de moda: Barack Obama y Hillary Clinton.El programa -que se mofa de todos, desde el jeque chíi Hassan Nasrala hasta el anciano rabino Ovadia Yosef- incide en el carácter soñador de Obama y en la sonrisa robotizada de Hillary, la esposa de Bill Clinton, el líder que más simpatía sigue provocando entre los y las israelíes.

Cuando McCain deposite el ritual papelito en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén, no es difícil imaginar el contenido del deseo. Los candidatos saben la importancia que tiene Israel en el voto judío, estratégico aunque con el tiempo cada vez menor estadísticamente.

Si en los años 50 suponía el 4% del electorado en EEUU, hoy sólo llega al 2%. Los judíos norteamericanos, acostumbrados a dar grandes donaciones a los diferentes candidatos (principalmente demócratas), no votarán nunca a un aspirante que da la espalda a Israel.

Mientras contemplan a McCain en Jerusalén sonriendo y obteniendo su foto prometida en la tierra prometida, los israelíes se preguntan quién les beneficiará más como presidente de su principal aliado.

Israel respeta a McCain, teme y admira (por igual) a Obama pero apoya masivamente a Hillary. Decenas de artículos y sondeos lo certifican, como el encargado por la emisora pública que indica que el 62% de los israelíes vota a Hillary frente al 21% a Obama.

Los judíos norteamericanos no votarán nunca a un aspirante que da la espalda a Israel


Hillary doblegaría a McCain por 20 puntos de diferencia. Pero el candidato republicano obtendría la victoria por cinco puntos si tuviera como rival a Obama. Unos datos que con matices se pueden extrapolar al electorado judío estadounidense.

Israel palpa el terreno en Washington, asegurándose que ningún candidato “les sorprenda” en temas como el proceso de paz con los palestinos o Irán que con su proyecto nuclear es visto en Israel como “la principal amenaza existencial”.

Tras la cumbre de Annapolis, el jefe de Gobierno, Ehud Olmert, hizo un hueco en su apretada agenda para reunirse con los candidatos. La jefa de la diplomacia israelí, Tzipi Livni estuvo en Washington hace unos días donde mantuvo una larga conversación telefónica con Obama.

El más veterano ha sido el más rápido y McCain es el primer candidato en varias décadas que viaja a Israel en plena campaña electoral. Una apuesta de la que no tiene nada que perder. Además de visitar los lugares bíblicos y políticos, puede comportarle más votos.

Aunque en Israel prefieren a Clinton y dudan de Obama, que es sin duda la gran incógnita. Las declaraciones de su reverendo Jeremiah Wright, en las que acusaba a Israel de “practicar terrorismo de Estado contra los palestinos”, ha servido para reforzar el temor de varios ministros israelíes ante la posibilidad de que Obama sea el nuevo presidente.

Varios correos electrónicos que circulan en comunidades judías de Estados Unidos “advierten ante el peligro de que el nuevo presidente sea un líder proárabe”. Los asesores de Obama son conscientes de estos rumores que se pueden transformar en tendencias de voto y por eso le han recomendado que imite a McCain y viaje próximamente a Israel.

Malcom Honlein, dirigente de la comunidad judía norteamericana, condena las criticas a Obama pero explica: “Hay preocupación porque es un candidato del que no se sabe muy bien cual es su política exterior. Pero no hay que juzgarlo de antemano. En el 2000, George W. Bush era una incógnita y finalmente se ha revelado como un presidente muy proisraelí”.

En una conversación privada con líderes judíos en Cleveland, Obama afirmó que “para ser proisraelí no hay que ser miembro del Likud (partido de la derecha)”. Por si acaso concedió hace unas semanas una entrevista al principal diario israelí (Yediot Ajaronot) exponiendo sus posiciones e intentando demostrar que “no es tan malo para Israel como lo pintan”. Ahí van dos respuestas de Obama:

-”Haré todo lo posible para conseguir la paz basándome en dos principios: garantizar la seguridad de Israel y cambiar el status quo que es negativo para todos. Israel debe asegurarse que el liderazgo palestino cumpla sus compromisos”.

-”La visita que hice hace dos años a Israel me dejó muy impresionado. Entendí el dilema de los israelíes que por un lado desean seguridad y por otro no pueden confiar en sus vecinos”.

Mientras Obama intenta reducir los daños provocados por la boca de su pastor y en la campaña de Hillary prometen que será “la presidenta más proisraelí de la historia de Estados Unidos”, McCain visita el Museo del Holocausto de Jerusalén y se reúne con las autoridades locales.

“Quiero dejar claro que viajo como miembro de una delegación oficial y no como candidato. Estamos preocupados por los misiles contra Israel y por las operaciones militares en Gaza. Hay tensión entre israelíes y palestinos y quiero ver en qué puedo ayudar”, declaró en el avión antes de aterrizar en el aeropuerto de Ben Gurion.

¿Y los palestinos a quien prefieren? Pues asumen que sea quien sea el nuevo inquilino de la Casa Blanca, la alianza con Israel no se romperá ni un ápice y la posición continuará siendo proisraelí.

Para los líderes del movimiento islamista Hamas, los tres candidatos son “la misma moneda del Gran Satán” que ayuda al “pequeño Satán” (Israel), pero en la calle hay matices.

No quieren ver ni en pintura al republicano McCain, temen a Hillary símbolo del ‘establishment’ y no tienen más remedio que abrazar la opción de Obama y no solo porque uno de sus nombres sea Hussein. “Aquí todos queremos que gane Hussein Obama pero no creo que le dejen”, nos decía un taxista palestino en Nablús. Otro palestino añadía: “Espero que el Hussein verdadero salga de Obama”.

Fuente: Diario”El Mundo”de España

Esta tierra era de ellos

El 2º de marzo de 1941, Josef Weitz, dirigente de la Fundación Nacional Judía escribió: “la completa evacuación del país de los otros habitantes y traspasarlo a manos de judíos es la respuesta”.

En este día de 1948, casi dos meses antes del comienzo de la primera “guerra árabe israelí”, los 1125 pobladores del poblado palestino Umm Khalid huyeron de una acción militar de la Haganah. Así como sus otros hermanos de otros tantos 500 poblados, en ese momento pensaron que volverían a sus hogares al cabo de unas pocas semanas, luego del cese del fuego y del trazado de fronteras políticas que aún no estaban determinadas.

En cambio, en ese día más de 6 millones de personas se convirtieron en refugiados, algunos en campos de refugiados no alejados de sus lugares originales, otros en comunidades establecidas en Europa y los Estados Unidos, todos con la prohibición de retornar a sus casas por una sola razon: no son judios.

El deseo de Josef Weitz se cumplió. En mi nombre y en el nombre de judíos del resto del mundo, una poblacion originaria fue casi completamente expulsada. Se borraron del mapa los nombres de los poblados, casas fueron demolidas, y se plantaron nuevos bosques. En arabe, esto se llama Nakba, o catástrofe. En Israel a esto se lo llama “independencia”. El mes pasado fui con un hombre de Umm il Fahm (una ciudad palestina de israel) a su pueblo originario de Lajun, a unas pocas millas de distancia. En la actualidad, la tierra de Adnan es un bosque de la Fundacion Nacional Judia , “pertenenciente” al kibbutz Meguido.

Mientras caminábamos por el sendero rocoso, él señalaba a cada lado del camino, nombrando a las familias que antes habitaban Alli: Mahamid, Mahajne, Jabrin… El suelo alli no es naturalmente rocoso, las piedras sobre las cuales caminábamos eran los restos de las casas destruidas. Adnan solo tenia 6 años cuando las balas volaron sobre su cabeza y él y su familia huyeron. Pero é l recuerda. Lagrimea cuando nos detenemos al lado de su destruida casa y dice “bienvenido a mi hogar”.

Adnan es un ciudadano israeli, sin embargo la tierra que le fue robada se entregó a un ente que le niega el permiso para vivir en ella. Como judia estadounidense , yo podría trasladarme a Lajun/Meguido mañana, obtener todos los derechos ciudadanos, y vivir sobre la tierra que perteneció por centurias a la familia de Adnan. A él, que vive a unos pocos minutos de distancia, le está prohibido hacerlo.

A medida que nos aproximamos al 60 aniversario del estado de Israel, el 60º aniversario de la Nakba, recordemos a Adnan. Recordemos a los habitantes de Umm Khalid. Permitamonos recordar a los más de 6 millones de personas privadas de sus derechos humanos por 60 años, y permitámonos como pueblo judío con una historia de opresión y una tradición de justicia social, luchar por el derecho del pueblo originario al retorno a su tierra. Esta es nuestro única esperanza de una verdadera paz y seguridad para la región.

Hannah Mermelstein es cofundadora de Birthright Unplagged que vive en Boston, Filadelfia y Ramallah.

Publicado en “THE JEWISH ADVOCATE.ON LINE”

Fuente: Rebelión

El ultrasionista Netanyahu llama a continuar con la construcción de asentamientos en los Territorios Palestinos Ocupados

El ex primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reclamó este martes a los principales dirigentes del partido ultra ortodoxo que “abandonen la coalición de gobierno inmediatamente” debido a la decisión oficial de suspender la construcción de asentamientos en los territorios reclamados por los palestinos.

Netanyahu, líder del partido opositor Likud, recorrió la ciudad de Maleh Adumim y allí expresó que la determinación del gabinete del premier Ehud Olmert acerca de la finalización en las construcciones “va a generar que los árabes tomen el control de Jerusalem”.

El dirigente político basó sus críticas en las declaraciones realizadas días atrás por la canciller Tzipi Livni, quien “dijo claramente que las negociaciones para la división” de la capital del Estado “se están llevando a cabo”.

Hace dos semanas, el ministro de Vivienda y Construcción, Zeev Boim, autorizó levantar 800 viviendas en Givat Zeev, una ciudad ubicada en la parte occidental de Jerusalem.

El abyecto terrorista Dick Cheney reitera «el inquebrantable compromiso» de EEUU con el terrorismo sionista

 

En su visita a Ramallah, el vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, reiteró el total apoyo de Washington a Israel. Si el sábado dejó claro que «nunca le presionarán para que dé pasos que pongan en riesgo su seguridad», ayer sostuvo que ataques como el lanzamiento de cohetes «perjudican las aspiraciones legítimas del pueblo palestino». Hamas denunció estas declaraciones que consideró «indignantes y una continuación del gran holocausto contra Gaza».

La visita del vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, a Ramallah dejó patente una vez más «el continuo e inquebrantable compromiso» de Washington con «la seguridad de Israel».

En la rueda de prensa realizada tras reunirse con el presidente palestino, Mahmoud Abbas, y su primer ministro, Salam Fayyad, Cheney afirmó que la creación de un Estado palestino debía haberse producido «hace mucho tiempo» y que las partes implicadas en el conflicto deberán hacer «dolorosas concesiones» para alcanzar la paz.

«También requerirá de una determinación para derrotar a aquellos que están comprometidos con la violencia y que rechazan el derecho básico de existir de la otra parte», remarcó.

En ese sentido, reiteró «el rechazo y la condena estadounidense al lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza contra las comunidades del sur de Israel». Incidió en que estos ataques «perjudican las aspiraciones legítimas» del pueblo palestino.

Cheney, que en ningún momento se refirió a las ofensivas aéreas y terrestres israelíes, insistió en que «el terrorismo y los cohetes no sólo matan a civiles inocentes, también matan las esperanzas y aspiraciones legítimas del pueblo palestino. Esa es una verdad difícil pero inmutable que debemos repetir».

Asimismo, condicionó el apoyo de Washington a la instauración de un Estado palestino a «la lucha contra el terrorismo»: «Estados Unidos se compromete a proporcionar a los palestinos los medios necesarios para establecer las infraestructuras que permitan el establecimiento de una democracia estable, segura y próspera dirigida por un Gobierno que se una a la lucha contra el terrorismo».

En el encuentro previo que mantuvo con el presidente israelí Simon Peres, Cheney manifestó que están «activamente involucrados en tratar las amenazas que vemos emerger en la región, que no son sólo una amenaza para Israel, también lo son para Estados Unidos», dijo en alusión a Irán y Siria.

Por su parte, Abbas aprovechó la comparecencia junto al vicepresidente estadounidense para condenar los ataques con cohetes y destacar que «la paz será capaz de vencer a los poderes del extremismo y terrorismo».

Al mismo tiempo, denunció «la ampliación de asentamientos, la creación de puestos de control, la ofensiva militar en Gaza y los arrestos en Cisjordania». Tras agradecer «los esfuerzos» de EEUU, defendió «una paz que trate todos los asuntos relacionados con el estatus permanente, incluido Jerusalén y los refugiados».

Por contra, Hamas criticó duramente las palabras de Cheney que consideró «provocativas, totalmente sesgadas en favor de la ocupación israelí e injustas». «Son indignantes y suponen una continuación del gran holocausto contra Gaza. Certifican que la Administración estadounidense es socia de la ocupación y de los crímenes de Israel contra el pueblo palestino», añadió Fawzi Barhum, portavoz del movimiento islámico.

Fuente: Diario Gara de Euskadi