El régimen sionista y sus “bondades” con Latinoamérica

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Nadie imaginó, hace 60 años, que el Estado de Israel, cuyo pueblo soñó durante siglos con el “derecho a existir”, acabaría negándoselo a sus primos hermanos palestinos. Nadie imaginó que los jefes políticos del pueblo elegido acabarían promoviendo el terrorismo internacional, junto con Estados Unidos.

En la industria bélica israelí trabaja la cuarta parte de la población económicamente activa. ¿Quiénes son sus clientes? No quienes también sueñan con su “derecho a existir”, sino los regímenes que realizan negocios suculentos, ajustándose a las reglas del “libre mercado”. Money, money, money.

A inicios de mes trascendió que Colombia comprará a Israel 24 aviones supersónicos “renovados” del tipo “cachorro de león” (Kfir, en hebreo), que los agentes del Mossad contribuyeron a diseñar robándose los planos del Mirage francés, así como también copiaron el tanque Merkava del inglés Chieftain, y el fusil Galil del soviético AK.

Fuera de transacciones comerciales y pormenores técnicos, se agradece la honestidad de Juan Manuel Santos, ministro de Defensa de Colombia: “Se piensa en el conflicto armado interno, no en los vecinos”. O sea: en los vecinos. O sea: en Venezuela. Pero a ver… ¿no dijo Shakira que los colombianos “están-cansados-de-la-guerra”? Apresúrese a palomear “sí”, “no”, “no sé”, “me da igual”, porque el sátrapa Álvaro Uribe Vélez va por la tercera relección, y con los gringos se las trae.

Los intereses armamentistas de Israel en América Latina cuentan ya con larga experiencia. Allí donde hay huevos de la serpiente, sus mercaderes se hacen presentes para mimarla, orientarla, entrenarla, y venderle… “seguridad”. Empezaron con sigilo al inicio del decenio de 1970, cuando aún existían gobiernos que creían en el derecho internacional.

En rigor, la cooperación estratégica Washington-Tel Aviv en América Latina data de 1962, cuando el gobierno de Kennedy incorporó a los “Cuerpos de Paz” técnicos sionistas para divulgar el cooperativismo agrario como forma de guerra sicológica en un continente atraído por la revolución cubana.

Tras el golpe de Estado en Chile (11 de septiembre de 1973), Israel vendió a Pinochet misiles aire-aire Shafir, mientras instructores israelíes aterrizaban en Santiago y oficiales chilenos poblaban las academias militares israelíes. Israel y el régimen racista de Sudáfrica eran para entonces los países más amigos de Chile.

La vieja doctrina exterior de Abba Eban (ex ministro israelí de Asuntos Exteriores, 1915-2002), dividir el espectro mundial entre amigos de Israel y amigos de los árabes, fue sustituida por Ariel Sharon, sumándose a la doctrina del Pentágono.

“El esfuerzo militar de Israel –enfatizaba Sharon– es el principal en todos los órdenes y debe ser enfocado en la perspectiva del conflicto global entre el mundo comunista y el Occidente de capitalismo libre, sosteniendo por las armas la causa occidental en cualquier rincón del mundo.”

Luego, el preámbulo y el primer punto del acuerdo de cooperación estratégica suscritos por Ronald Reagan y Menajem Beguin auspició las “operaciones conjuntas más allá de la zona del Mediterráneo”.

El punto tres del acuerdo estipulaba la “cooperación estrecha en la orientación de la asistencia militar en todo el tercer mundo”. Y para el caso, Sharon contrató al estadunidense Arie Granger para efectuar un profundo estudio de marketing de armamentos en América Latina.

Según un editorial de The Guardian (27/8/82) y Le Monde Diplomatique (octubre de 1982), ambos firmados por el analista Ignacio Klich, Israel aspiraba a “…convertirse en el mandatario de Estados Unidos en América Central, el Caribe, África del Sur y Taiwán, pues por razones políticas Washington no puede brindar toda la asistencia militar requerida por los regímenes amigos”.

Recordemos el caso del mexicano Marcos Katz, representante oficial de las industrias aeronáuticas israelíes en México y América Central. En julio de 1977, Katz se vio en dificultades cuando el diario Haaretz de Tel Aviv lo señaló como el contratista de un avión de transporte argentino decomisado en el aeropuerto de Siwell, Barbados. El avión transportaba 26 toneladas de armas y municiones vendidas por Israel a Guatemala y embarcadas por Katz en Portugal.

El gobierno de Bridgetown presentó una protesta al gobierno israelí. “Las armas –observó– serán destinadas al país centroamericano debido ‘al problema con Belice’ (por el cual Guatemala reclamaba soberanía).”

Comedidamente, Tel Aviv “demostró” que el avión que las transportó no salió de Israel. ¿Y Katz? Olvídese. En 1976, el caballero había donado 50 mil dólares a la Universidad Religiosa Israelí Bar Ilan para consagrar una cátedra a nombre de sus progenitores, y Tel Aviv dio por cerrado el asunto.

En 1978, tras la suspensión de la ayuda militar yanqui a Guatemala por la violación sistemática de los derechos humanos, Israel se apiadó del régimen genocida y le vendió 11 aviones Arawa, 10 blindados RBY-MK, 15 mil fusiles Galil, morteros de 81 mm, bazucas, lanzagranadas, tres guardacostas Dabier, un sistema de transmisiones tácticas, un circuito de radares y 120 toneladas de municiones.

Las Colonias judías siguen su expansion con total impunidad

Lo prometió Ehud Olmert después de la conferencia de Annapolis, el 27 de noviembre, fecha en la que arrancó la negociación entre israelíes y palestinos: la construcción en las colonias de Cisjordania se detendrá. El primer ministro israelí excluyó Jerusalén Este de ese territorio en el que no se alzarían nuevas viviendas. Nunca se ha dejado de colocar ladrillos en la ciudad santa, aunque es tierra tan ocupada como el resto de Cisjordania. En los últimos días, sin embargo, los colonos han invadido nuevas tierras, algunas de propiedad privada palestina, y edifican un nuevo asentamiento, junto al río Jordán, y amplían otro ya existente al norte de Ramala, lejos de Jerusalén. Olmert incumple así su promesa. Y el desencanto de los negociadores palestinos va en aumento.

Las ONG israelíes opuestas a la ocupación, en estos casos Paz Ahora, no pierden detalle de cualquier actividad que sucede en Cisjordania. En Maskiot -en la ribera del Jordán- una decena de familias instaló el 13 de febrero sus caravanas en un recinto que acogió una base del Ejército. Son colonos con larga experiencia que ya fueron evacuados de la franja de Gaza en el verano de 2005. Son fieles mesiánicos para los que la tierra de Eretz Israel, la que se extiende desde la frontera de Jordania hasta el mar Mediterráneo, es sagrada. También lo es para los residentes en Eli, un asentamiento a medio camino entre Ramala y Nablus levantado sobre una colina.

En Eli, 27 estructuras se edifican sobre tierras privadas de campesinos palestinos. Lo sabe la Administración Civil israelí, a cargo de la gestión de los territorios ocupados. No lo ignora el Ejército, omnipresente en Cisjordania, que hace la vista gorda ante los intocables colonos. Y lo admite abiertamente el Consejo Yesha, que representa a los colonos en lo que ellos denominan Judea y Samaria. El Gobierno de Olmert nada ha hecho para frenarlos. Los portavoces de la Administración Civil aseguran que el asunto está en manos del Tribunal Supremo y que en el caso de Maskiot se han emitido órdenes de demolición de las construcciones.

Son más de 100 los enclaves en Cisjordania que no cuentan con la aprobación del Gobierno. El propio Tribunal Supremo los declaró ilegales hace casi un lustro, aunque contrarios a la legalidad internacional son todos los asentamientos. El problema añadido ahora es la coyuntura política. Las reuniones entre los negociadores palestinos e israelíes son constantes a diversos niveles. Y el surgimiento de estas colonias salvajes poco ayuda a impulsar el proceso de paz y a fortalecer al presidente palestino, Mahmud Abbas, en la ciclópea tarea de enfrentarse a Hamás, que aguarda el fracaso del proceso para dar la puntilla al mandatario.

¿No puede el Ejecutivo de Olmert imponer el cumplimiento de sus promesas e impedir el brote de nuevas colonias? Es evidente que cuenta con los medios. Al Ejército más poderoso de la región no le puede pasar desapercibido las actividades a plena luz del día de los colonos. Corren ríos de tinta en Israel sobre la amenaza del Shas, el partido ultraortodoxo socio de la coalición de gobierno, de abandonar el Ejecutivo si Olmert se atreve a comenzar la negociación sobre Jerusalén. Pero Maskiot y Eli se ubican muy lejos de la ciudad santa.

El hastío en la Autoridad Palestina crece poco a poco. Las negociaciones no han dado todavía fruto alguno y la libertad de movimientos en Cisjordania es, de momento, una quimera. El desencanto es patente. Yaser Abed Rabbo, uno de los principales asesores del presidente Abbas, lanzó ayer un exabrupto aprovechando la reciente declaración de independencia de Kosovo. “Si no se detiene la construcción en los asentamientos y las negociaciones no se conducen con seriedad, entonces deberíamos dar un paso y anunciar la independencia unilateralmente”, advirtió Abed Rabbo.

La amenaza sólo refleja que los políticos palestinos a menudo se lanzan a la guerra por su cuenta. Es una baladronada sin sustancia. Entre otras razones porque el propio presidente, Mahmud Abbas, y el jefe de los negociadores, Ahmed Qurea, rebatieron las palabras del consejero de Abbas. “Las decisiones deben adoptarse y después declararse, y no declararse y después adoptarlas”, apuntó Qurea, un experimentado negociador.

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